tarareando una canción desde Pradoluengo

scarborougfaires lunes por la mañanita, y observo que todavía duran los efectos de 5 canciones que hemos compartido estos 5 días, de lunes a viernes, en la escuela de verano de Aprendemos todos, en Pradoluengo, Burgos.

Observo en el grupo de wasap que  hemos creado que no soy el único que estoy con resaca, lo cual hace el proceso más llevadero. Personas que no se conocen de nada, y que, por azares del destino, caprichoso, en ese proceso que llamamos casualidad, que todavía no entiendo por qué alguien se empeña en denominar causalidad, comparten un trozo del camino.

En ese proceso de compartir, de comer el pan del otro, de hacernos cercanos en un trozo chiquito de nuestra vida, nos hemos juntado 50 personas, 4 docenas de seres, desde el punto de vista de un rudo comerciante, asalariado, en el papel que me ha tocado desempeñar en la obra de teatro que ha servido de hilo conductor de tantas y tantas cosas y dinámicas que se han desarrollado en estos días.

Podría haber sido rey, pues no. Podría haber sido amante, pues no, podría haber sido hada, pues no, para mí estaba reservado el papel de paisano de a pie, de comerciante, de cómico. Eso es lo que reza un papel que me etiquetó y clasificó en ese grupo, por extraños azares del destino.

Como extraño fue que me pusieran en un albergue, el albergue de Pradoluengo, el Trébole, regentado por 3 chicas preciosas, de compañero de Jaime, vasco, y bilbaíno, tosco y gamberro, como yo, aunque bien es sabido que un bilbaíno nace donde quiere, más casualidades del destino.

Jaime, como no podría ser de otra forma, es un tipo normalísimo, o rarísimo. Se dedica como profesor de religión, religare, volver a unir, como yo, a animar a las personas a que se unan fuertemente con Dios, o como es mi caso, a que desarrollen su espiritualidad, o su mejor versión como persona en esta tierra, disfrutando como salvajes, es un decir, sus pasiones, libres de fardos innecesarios que habitaban en la mochila de su pasado.  Y, sigue la normalidad, vestida de rareza, es enlace sindical de comisiones obreras, durante el último curso lectivo.

Con él, y con otras cuatro docenas de energúmenos, o personas preciosas, disfrazadas de reinas, amantes, hadas y duendes, he compartido esa forma tan tonta de ser un burdo comerciante, un payaso, un cómico, una persona normal.

y vuelvo a tararear una de esas 5 canciones que hemos aprendido a cantar, aunque no se notase mucho en la representación final, qué bueno que Jaime (el director de la obra) y Patricia (su compañera a cargo de las canciones, el órgano y el acordeón) nos libraron de la exigencia de hacerlo perfecto, y nos animaron a disfrutar nuestro proceso de aprendizaje personal y de encontrarnos en el camino de “haciendo”.

algo se ha posado en mi alma, no sé muy bien si es una ninfa o un pregón, un cuento o un bardo, wi, wi, wi, o la representación del belén viviente que dirigió Jaime, mi compañero de cuarto, con esos fabulosos cuatro reyes magos, ¿cuatro, no eran tres?, sí, cuatro, nosotros teníamos dúplex de reyes.

tal vez lo que se ha posado en algún sitio es el gusto por lo vivido, todo lo compartido, también el pan, unas risas y el aleteo de la magia, vestida de canción.

scarboroughfairmon   Así lo vimos…

Scarborough Fair

Siempre cantado por mujeres, ya que es una mujer la que evoca un amor verdadero, camino de una feria, con los sones de unos clarines al fondo que anuncian guerra, aunque algunos conozcan una versión de Simon & Garfunkel

cierro youtube, y releo en mi wasap un mensaje del tosco artesano Jaime, compañero de habitación, especialista en re-ligare, voluntario del coco, comerciantes y comediantes unidos:

Cuando sea de noche y te encuentres con el universo, hazme un pequeño favor. Mira con devoción a las estrellas, con calma y respeto – como cuando miras un recién nacido-, y elige una de todas las estrellas que hay en el firmamento. Estira tu mano y cógela para mí con tus dos dedos, y guárdala en un sitio seguro, no muy lejos de tu corazón. Y una cosa más, cuando me veas, no me lo digas, ni me cuentes cómo fu, ni lo que te costó. Tú solo, con mucho sigilo, guárdala en mi corazón si que me entere.

Encantado de volver a coincidir, con ganas de volver a veros, otra vez …