en la baja edad media ya sabíamos hacerlo

mibiotekeAntes, mucho antes de que apareciese la imprenta, incluso de nuestros primeros códices manuscritos, o lo que es lo mismo,… érase una vez en la historia, que el hombre, y la mujer, tanto monta, monta tanto, sabía contar historias.

Se les llamaba juglares, cuentacuentos, bufones, o con otros términos más familiares, como mamá, papá, abuela, el tato, … Algunos eran hombres de a pie, otras eran grandes sacerdotisas y miembros de la clase dirigente. Todos ellos tenían un don: sabían contar historias.

Llegó la imprenta y se jodió el invento. Porque una vez que se pudo imprimir y distribuir el saber en largas tiradas, menguaron las bondades e influencia de los monjes, que acumulaban saber en incunables manuscritos, cuidadosamente elaborados y guardados (ver el nombre de la rosa para más información), y de los juglares, Sigue leyendo