entornos abiertos a la TRANSformación

en el proceso de hacerme presente para el viaje, que se despliega en torno a preguntas sencillas, ¿es bonito Donosti?, ¿tenemos tiempo para ir a Pamplona?, ¿Bilbao es diferente a esto?,

encadenamos una visita que va a completar el dibujo de la i griega vasca, Y, ya que entramos el lunes por la mañana por Victoria (sin visitar la ciudad) para llegar a Otalora, en el centro de la i griega vasca,

para visitar Donosti, al noreste de la i griega, para viajar a Algorta, la noroeste, desde donde hacemos un par de visitas / actividades y un poco de turismo, antes de la presentación el martes de este programa tan raro, al menos en nombre,

la magia de la TRANSformación (de memorias de escasez a enfoques abundantes),

tras la cual vamos de vuelta a Madrid, ya es miércoles de mañanita, y una pregunta nueva va a desplegar una actividad que no estaba prevista en la hoja de ruta, la visita a Bilbao, esa ciudad tan interesante, pequeña pero grande,

con una historia que se desarrolla en torno a un puerto y una ría, a un espíritu cerrado pero abierto, los vascos somos cerrados pero estamos abiertos, a la colaboración y a la mar, al extranjero, a otras culturas, a otras opiniones, con las que vamos a percutir,

porque no nos gusta que nos impongan nada, preferimos adoptar lo que nos gusta,

me hace gracia el comentario de Idoia Belasko, hay 17 formas en euskera de decir cabeza dura, sí, yo soy de esa cuadrilla que a veces se encastilla en una idea o en una forma de transmitir la cosa, aunque luego me lo piense,

y en esta visita que se despliega, no estaba en la hoja de ruta, déjame que insista, vamos a pasear desde el puente del ayuntamiento hasta el Guggenheim, y nos vamos a parar en la tienda del museo con un libro, TRANSformación,

un libro negro que habla de la vida de una ciudad y el arte, el arte lo cambia todo,

que muestra el antes y el después, cómo era Bilbao no hace tanto, en 1980, y cómo es ahora, y no puedo evitar quedarme tieso ante una imagen del puente de Deusto, en el que los trabajadores de la naval montan una algarada cada mañana,

en una conversación no siempre amable con los antidisturbios, que no aceptan de buen grado que prendan neumáticos a lo largo del puente, impidiendo el paso del tráfico rodado, y en buena medida la circulación tranquila de los viandantes,

sí, yo viví esos fuegos y esas peleas, mientras cursaba ingeniería junto a San Mamés, el tren no llegaba a la otra parte de la ría, a la otra parte de Bilbao, la parada estaba en Deusto, y pienso todo lo que ha cambiado esta ciudad en 30 años,

los 30 años que van a hacer desde que termino la carrera,

hoy el tren de cercanía se ha convertido en metro, los altos hornos en acería compacta, la naval en casi nada, la explanada para los contenedores del tren de mercancías son el actual Guggenheim, la naval es el palacio Euskalduna,

Bilbao es hoy una ciudad de servicios,

y observo la capacidad de estas gentes, duros de mollera como pocos, de conversación fuerte, llena de convicciones y valores, pero de mente abierta, en algún lugar ahí dentro hay una puerta siempre abierta a la innovación, a lo diferente,

a una pregunta, a lo que vive en ultramar, será que algo fluido, no sólo de monte y Pirineos vive el hombre y la sociedad vasca, algo de agua, también debe habitar en nuestro interior.

   así lo vimos…

en las fotos de este libro se observa el movimiento de dejar ir y de dejar venir que ha sufrido, sí, esta es la palabra, porque muchas veces el movimiento no es fluido, los cambios no los aceptamos de buen grado, esta pequeña gran urbe,

porque los trabajadores de la naval se resistieron, los trabajadores del metal se resistieron, toda la sociedad tuvo momentos de auténtica ansiedad, metida en una crisis de la que nos sabíamos si íbamos a salir,

es bonito ver hoy esta ciudad que ha experimentado un cambio tan profundo, desde el gris mortecino que nos regala la industria del carbón a estos colores alegres que empiezan a surgir por aquí y por allá,

paseos verdes, tranvías eléctricos, turistas de todos los orígenes, y no me puedo olvidar de ese tiempo en el que en el pueblo había un negro, y los niños nos parábamos a mirar al buen hombre con curiosidad,

¿sabes qué?, hoy he visto a un hombre negro, como el libro del Guggen, negro, que ahora me doy cuenta que también viene de más allá del mar.

en este proceso en el que indagamos en la sostenibilidad de las relaciones humanas, la tensión que experimenta la sociedad en procesos de cambio me interpela, y pienso en el hombre negro,

que hoy se mezcla con mujeres amarillas, y personas de tez cobriza, deben ser pieles rojas, y personas más blancas que un folio, no sé cómo llamar a esta gente albina, ¿serán hombres blancos?,

y observo cómo el futuro emerge, no para de emerger a nuestro alrededor, y cómo la forma que todo lo disfraza, engañándonos a ratos, no permite que observemos con tranquilidad lo que duerme en nosotras, y se manifiesta desde nuestro interior,

ese yo soy tan potente que existe, vaya que sí existe, en cada persona, en cada grupo, en cada etnia, en cada ciudad, será por eso que el futuro emerge de diferentes formas en cada comunidad, en cada grupo y en cada ciudad.

el mundo emocional, el mundo que se transmite en nuestro agua interior, nos permite contactar con nosotras mismas, en un contacto que nos permite contactar con otras personas, de adentro hacia fuera, en procesos de empatía y de compasión,

y pienso que un día vamos a ofrecer viajes de exploración emocional, ojalá que también alguno que otro por Bilbao.

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional creative commons inspirado en la teoría U de Otto Scharmer y en la teoría del color de Goethe que compartimos desde este enlace.