la indagación apreciativa

No hace mucho que conozco estos dos palabros juntos, si bien ya los conocía por separado.

Indagación, sustantivo, que algo tendrá que ver con el verbo indagar, que viene a ser como buscar con esmero, bucear en lo profundo para entender, algo así como lo que hace la madre con el hijo después de la verbena, el primer día que llega medio trompa, para concluir que el niño comió mucho pollo y se le revolvió el estómago, ay, qué haríamos sin madres en este mundo.

Y apreciativa, adjetivo, que algo tendrá que ver con el verbo apreciar, que viene a ser como valorar, querer o gustar. Te aprecio mucho como sinónimo de te valoro, te tengo cariño, te respeto, te tengo en consideración.

Lo pienso y dos verbos de la primera conjugación, ar er ir, ¿te acuerdas o me lo estoy inventando?, se juntan para formar un sustantivo que suena como muy serio, indagación, tan parecido a camión, a consideración, a satisfacción, nombres rotundos, y un adjetivo, apreciativa, que suena mucho más a abuelita o a tía lejana de toda la vida.

FLICKIA

Sigo pensando en las palabras en sí mismas y me doy cuenta que la terminación -ción no denota género, y aunque me suena muy fuerte no es masculina. Para comprobarlo, basta con hacer un ejercicio sencillo, que es poner el artículo omitido. La satisfacción, la consideración, la indagación, y el camión, ay, ay, ay, éste no termina en -ción. Va a terminar siendo una terminación femenina, qué raro. Aunque me entran ganas de profundizar, no lo voy a hacer, no.

Rebobino (uy qué duda más profunda entre la bobina y la bovina, qué cruel se está poniendo el post de hoy) en el tiempo y me acuerdo del primer día que me cruzo con las dos palabras juntas. Saliendo de una reunión en Aje Madrid, en la que Antonio y yo nos entrevistamos para captar el apoyo de la Asociación de Jóvenes Emprendedores a Prepárate Madrid, recuerdo que Antonio me juntó las palabras. Acababa de asistir a una presentación de Miriam Subirana con relación a una metodología que, en palabras de Antonio, «debía conocer», muy próxima conceptualmente a nuestro producto / servicio de «organizaciones que enCUENTrAN CUENTOS».

Ni corto ni perezoso, el día siguiente contacté con IDeIA, qué nombre más bonito, he tenido una IDeIA, no sé cómo no se me ocurren nombres tan chulos a mí para una organización o un producto, y mandé un correo de contacto. Recibí una respuesta para participar en la próxima presentación, esta vez en Barcelona. Como tenía la agenda complicada por esas fechas, me pareció que la respuesta fue «no».

Pasó diciembre, celebramos Prepárate, llegaron las Navidades, con su carga de cava y turrón, que cava todo el turrón que cava, ¿o era quepa?, ay, qué dudas con la gramática, la sintaxis y la ortografía, me va a matar esta afición (hobbit, en inglés, que no, que no, que no pienso introducir más anglicismos), y volvimos, ya de año nuevo, esta vez impar, es curioso, pero siempre se alternan, ahora uno par, ahora uno impar, como si los hubieran barajado muy bien (los más maliciosos ya estarán pensando que alguien ha hecho trampas), y me acordé de aquel no.

En este mundo hay muchas formas de clasificar a las personas. Si quieres, ya que estamos jugando, te ofrezco una nueva. Hay personas que no aceptan un no por respuesta. Hay otras que sí se conforman, segundo grupo, y hay otras, tercer grupo, muy parecido al primero, que, sin embargo, siempre prefieren dos, o tres NOes. Por cierto, ¿se dice nos o noes?

Bueno, si no es así, qué le vamos a hacer. Vamos a seguir con el relato, a ver si acabamos antes de que sea viernes 13. Buceé en internet, y encontré información adicional de estas dos palabras juntas. Para no destriparte la parte sabrosa del cuento, vamos a resumirlo mucho. Lo que vi me encantó. Y lo que sigo aprendiendo me sigue gustando, qué le voy a hacer.

Me desplacé a un taller en Barcelona en el que trabajamos la resolución de conflictos desde la indagación apreciativa, y vuelvo a viajar esta semana para bucear un poco más. En dónde, te preguntarás. Para bucear en el arte de hacer preguntas (una forma muy tonta de indagar), y en el sí (una forma muy tonta de apreciar). Preguntas desde el sí, preguntas generadoras, o generativas, ay, qué duda, mamá, preguntas para crear una nueva realidad.

Porque si lo que es no es totalmente de tu agrado, en vez de hacer grande el no con una afirmación robusta y grandotota, como todo lo que acaba en -ción, bueno es bucear en lo que sí,  que puede estar por ahí despistado, con una preguntita, y con otra, a ver si se atreve a salir. Y he dicho bien preguntita en vez de interrogación, palabra que termina en – ción, como crédito y caución, que no como camión, ni como qué tontorrón.

Luz y sombra se dan la mano una vez más, y viajo a Barcelona, ciudad condal, antes de verla transformada en capital de la república, o será del condado, qué duda, una más, independiente de Catalunya.

FLICKIAMON   Así lo vimos…

Y recuerda, que no te tomen por bicho raro, todos lo somos de tanto en tanto, por no saber lo que es la IA, o confundirla con la Inteligencia Artificial. Indagación Apreciativa, o inteligencia natural, inteligencia para volver a vivir tu vida en preguntas plenas, llenas de fuerza, llenas de la energía movilizadora y entusiasta del SÍ.

la conversación Goetheana

agua2teke  si te suena raro el título de hoy, no es de extrañar. A mí también me suena un poco raro. ¿Qué es eso de la conversación Goetheana? Bueno, tal vez tenemos que admitir que casi nadie sabe lo que es, porque se practica bien poco.

Imagínate que entablas un proceso de discusión, si es posible más cercana al discuss inglés que a la discusión española. Cada cual tiende a argumentar con base en su marco de creencias, valores y experiencias, hasta ahí todo lógico. Pero, y eso también es normal, quiere llevar el ascua a su sartén.

agua7tekeDe esta forma, nos encontramos en la organización, vamos a suponer que en la mía, para que nadie se sienta aludido, con actividades relacionadas con la persuasión, la resolución de conflictos, la negociación, que muchas veces deriva en un proceso para minimizar la pérdida para las partes, un cambio de cromos en el que finalmente adoptamos una solución de compromiso, una especie de convenio de convivencia. No te doy todo lo que quieres, tú tampoco a mí.

agua5tekeEn estos procesos normalmente, hay un perdedor, si no varios. Yo gano – tu pierdes, yo pierdo – tú pierdes, o llevamos a esa situación de compromiso, que a veces alguien vende como ganar – ganar, pero que ha sido en realidad un todos pierden. Porque, si somos francos, todos hemos perdido un poco en el proceso. Pierdo yo, que no me voy enteramente satisfecho, pierdes tú, que no estás totalmente satisfecha, y pierde la organización, que no ha obtenido la mejor solución posible.

agua6tekeA veces, el conflicto se agrava tanto, que es necesario que aparezca una figura, que formalmente o informalmente, realiza actividades de mediación. Se le llame o no mediador, o la reconozcamos como el pacificador, a veces hace falta esa persona que templa gaitas, y que hace que el conflicto se diluya, y una postura intermedia y de compromiso sea factible.

¿Por qué ocurre todo eso? Por lo que hemos expuesto anteriormente. Porque cada persona pretende acercar el ascua a su sartén. Lo aceptamos como lógico aunque a veces no lo es.

En la conversación Goetheana, formulamos nuestra exposición DESDE LA POSTURA DE LA OTRA PERSONA. ¿Es eso posible? Piénsalo. Tu marco de creencias, tus valores, tus experiencias, eso que mi abuelo José llamaba «sucedidos» están ahí, son todos tuyos. Son bastante fijos, si lo piensas bien, porque no todos los días cambiamos una creencia ni desarrollamos un nuevo valor.

Se trata de escuchar a la otra persona, y a partir de lo que dijo, no de lo que dijimos nosotros anteriormente, seguir. Se trata de sustituir el sí pero no, y retomo mi hilo argumental, que nos han enseñado a manejar, por el sí a secas, se trata de dejarnos llevar por la conversación. ¿Qué elementos nuevos introduce el otro que me hacen pensar? ¿Qué me evocan? ¿Qué sentimientos provocan? ¿Y qué se me ocurre a partir de lo que ha entrado nuevo en la conversación desde la otra persona?

Si algo me evoca este tipo de conversación se encuentra en la palabra fluir.

agua3teke

Piensa en alguno de los conflictos en los que estás estancada con otra persona. ¿Hay algún clavo ardiendo al que te estás aferrando? ¿Hay algún punto irrenunciable en tu postura? Se vale, no te preocupas. Intenta escuchar de nuevo, intenta encontrar ese punto en la corriente en el que te puedes abandonar un poco, y mira qué ocurre. Prueba a nadar un poco a favor de la corriente, prueba. Te darás cuenta que la otra persona se siente, de repente, escuchada. Una nueva conversación ha comenzado. Sólo hay que ver a dónde nos lleva la corriente. Pero seguramente, ese río lleva a un río más grande, que quizás, quién sabe, desemboque en un mar, más grande todavía.

En la conversación Goetheana un nuevo ser, que no es tuyo ni es mío, surge. No es un ser amputado (te cambio una oreja por un ojo), no es un ser incompleto, es un ser perfecto, una nueva concepción. Si quieres ver un ejemplo en la vida real puedes verte en un espejo, hijo de tu madre, hija de tu padre, dos seres tan distintos que están en ti, una nueva realidad que los incluye y supera.

aguamon   así lo vimos…

Recientemente, me he visto intercambiando unas líneas, sin dirección, con Antonio Delgado, socio director de Video Bravo, una propuesta preciosa para el desarrollo del reconocimiento en la organización. Tuve la oportunidad de colaborar con Antonio, con Juanan, su socio, y con otro grupo de voluntarios en Prepárate Madrid 2013, y hoy, unos meses más tarde, converso con Antonio por internet, en un foro de linkedin, creo que Aedipe, con base en un post que titulo «te deseamos SUCCESS en tu comunicación». Releo sus comentarios, y mis contracomentarios, el suyo y el mío, y me doy cuenta, o eso pienso, que no son contra-comentarios, sino comentarios al hilo, comentarios que fluyen. Lo nuevo, no programado ni planificado, que surge escuchando a lo nuevo, no planificado tampoco, la vida que sigue a la vida. Antonio, muchas gracias por ayudarme a entender qué es esto tan raro de la conversación Goetheana.

Para quien esté interesado, reproduzco la conversación.

Antonio
Excelente post, Mikel.

La referencia del libro me parece muy relevante por las claves incrustadas en el acróstico success: simple, inesperado, concreto, creible, emotivo, secuenciado.

Hace ya tiempo que estoy convencido de que comunicar es influir, y la influencia es la ambición de toda venta. Entender la comunicación como mero acto de compartir datos empequeñece lo que considero es su fin último: dejar huella en el otro.

Recuerdo cuando impartía formación en ventas -hace ya muchos años-, que dedicábamos un espacio importante a la comunicación interpersonal, como esqueleto de toda venta. De hecho, algunos programas eran en un 90% contenidos y ejercicos de comunicación pura. Curiosamente, las personas que desde el principio entendían porqué «tanto de comunicacón» en un curso de ventas, eran las que luego más vendían.

Al final, con esto de la comunicación descubres que la clave de la venta no la tiene el vendedor (seductor) por muy buen «pico de oro» que tenga, sino el cliente (seducido). Saber qué es inesperado, concreto, creíble y emotivo es terreno del cliente. De ahi que un buen vendedor sea un gran preguntador y escuchador para que al comunicar su mensaje encaje como un guante en la orografía de necesidades y expectativas del “comprador”.

Sin una buena prospección previa acerca de “dónde está mi interlocutor”, el que un mensaje «llegue» es una lotería: si toca, es que has tenido mucha suerte. De ahí que los que son buenos en ventas (por ejemplo, las multinacionales de gran consumo) gasten tanto en preguntar y escuchar antes de hablar que, por cierto, lo vienen a llamar -curiosamente- “investigación de mercado”.

Mikel

Mejorado con tu comentario, Antonio.
Simple, inesperado, concreto, creíble, emotivo y con una secuencia de acontecimientos, y si es posible, orientado al mapa de tu interlocutor. Nunca está de más escuchar, escuchar, y escuchar, antes de empezar a hablar. Muchas gracias, Antonio.

Antonio

Gracias Mikel, por tu guiño y tu eco.

Cada vez me creo más que muchos de nuestros «males sociales» provienen de cierta sordera congénita en los grandes decisores. Sordera por quizás creer que «su mensaje» es mejor y más preciso que el de los demás, por lo que escuchar es perder «calidad del dato». Les queda un trecho hasta aprender que cada vez más las verdades lo son en la medida en que son «socialmente compartidas» y no tanto «institucionalmente impuestas».

Pero bueno, no nos vayamos de campo semántico. La venta / persuasión siempre ha tenido dos senderos para avanzar, la atracción por algo deseable y la evitación de algo indeseable. Esto es, puedo lograr tu adhesión desde la promesa de alcanzar algo positivo y deseado (el cielo), o bien desde el miedo a sufrir si no aceptas mi propuesta (el infierno).

Para esta segunda vía de venta, escuchar es menos necesario, ya que el miedo a sufrir es universal y de aplicación con éxito garantizado en el corto plazo. Un ejercicio curioso es repasar cuantas acciones hemos hecho en nuestra vida desde una u otra motivación, para valorar el contexto en el que nos movemos.

Sobra decir que los efectos secundarios de cada opción de persuasión nos llevan a escenarios muy distintos en términos de crecimiento y desarrollo, de confianza y de colaboración.

– Entonces, ¿cuál he de elegir, oh, maestro?
— Para elegir con sabiduría, primero has de contarte el número de orejas y de lenguas que posees. Usa entonces en mayor proporción aquello en lo que estés más dotado.
– ¿Quizás he de escuchar el doble de lo que hable, maestro?
— Quizás….

Mikel

Antonio, al leer tu comentario, tal vez en la línea del cielo y del infierno, mi mente ha viajado a un libro en el que preguntaban cuál es el contrario del miedo, o temor. Hasta entonces no había pensado que el contrario del miedo es el amor.

Poco a poco voy profundizando en la idea, me está tomando unos años, y no me cabe la menor duda de que este mundo sería diferente si tomásemos más decisiones desde el amor (la promesa de alcanzar algo positivo y deseado, la mejor opción, la más bonita, bella, noble y justa, la más ecológica, y que tiene más en consideración a todas las partes involucradas), y alguna menos desde el temor (y como pasa en la película del señor de los anillos, mejor no nombrar lo innombrable, ese ojo maligno que nos observa y nos hace temer por nuestro trasero, nuestro puesto y nuestros privilegios),

2 orejas y 1 lengua, un corazón y un dispositivo pequeñito en un sitio recóndito del cerebro, que se activaba para que nos comiera el tiranosaurus rex. El día en el que los usemos en función de su número (en el caso de las 2 orejas y la 1 lengua), o de su dimensión (el corazón y la amígdala), tenemos un mundo nuevo para compartir.

– ¿Quizás he de escuchar el doble de lo que hable, maestro?
— Quizás …

– ¿Quizás he de escuchar mi corazón y visualizar la mejor opción posible antes de echar a correr como un descosido, maestro?
— Quizás …

Y si el post se te ha hecho corto, un poco de musiquita, reconociendo que, cuando de emociones se trata, y la conversación tiene mucho de eso, nuestra agua se mueve, porque somos agua.

Agua, de Jarabe de Palo

prendiendo la luz del reconocimiento

bravo2comAyer eché de menos a Juanan en la presentación que hizo el arte de Vivir, con la presencia de Swami J (de Jyothirmayah, que puedes leer como suami yi). Por algún motivo que no alcanzo a entender, sólo participé del evento a dos cariños. Entre ellos estaba Juanan. «Me habría gustado ir contigo a la presentación, amigo». En la presentación de Swami J no reparé de forma especial en un ejemplo que puso sobre el estado de bienestar personal. Entras en una habitación oscura, grande, en la que hay 100 personas, pero tú no ves a nadie. Todo cambia, sin embargo, cuando le das al interruptor, y se hace la luz. Lo que estaba ahí, aún no siendo reconocible, se manifiesta. Un solo gesto, una acción simple y se hace presente.

En su charla, Swami J compara ese acto con lo que hace una persona que está en sus 13 con todas las personas que le rodean. Porque sólo hace falta un 1% de la sociedad evolucionada para que toda la humanidad cambie de estado de conciencia.

En la sala estábamos más de 200 personas y tal vez el grado de conciencia al que hacía referencia Suami J Sigue leyendo