escenarios españoles del rodaje de Juego de Tronos (ven y cuéntalo)

enganchado como estoy a la serie “Juego de Tronos”, no puedo sino disfrutar las conversaciones de Jon Nieve con la reina de dragones en las escaleras que suben a la ermita de San Juan de Gaztelugatxe,

peña reconvertida en Rocadragón,

y no puedo sino apuntar un par de enclaves de esta serie de culto en el País Vasco, que no conozco, la playa Muriola, en Barrika, a escasos 7 kilómetros de la casa de mi madre, que vive en Algorta,

casi a tiro de piedra de la casa de mi hermana, que vive en Sopelana, una playa que no voy a tardar en visitar, pero que no tiene la presencia de la foto al pie durante la marea alta, que casi la cubre por completo,

claro, por eso el verde de las algas,

y en la que disfruto de un atardecer de película con Silvia, esa chica tan bonita que me acompaña, que puebla mis mañanas y mis tardes, sobre el acantilado, atardecer sin imágenes, ya que no traemos cámaras ni móviles,

en una secuencia que fotos sin photoshop que bien puede quedar grabada en el álbum de los momentos maravillosos de mi vida,

a ver cuándo saco un rato para cruzar la frontera, esa separación virtual en esta Europa de los pueblos, yo soy de Villaconejo de arriba, y yo soy de Villaconejo de abajo, y me acerco a la playa de Itxurun, en Zumaia,

en esa preciosa costera guipuzcoana, casi tan bonita, alguien dirá que más incluso, para gustos los colores, como la nuestra.

   así lo vimos…

Si tienes interés, tal vez tienes una localización de esta serie a las puertas de tu casa, y no la conoces, como me ocurre a mí, buena excusa para hacer un poco de turismo interior,

a veces no hay que viajar a Egipto ni a Cuba, a los Balcanes o a Oceanía para encontrar un espacio mágico del que disfrutar.

Por si acaso, te paso el link

Hay un mundo en el que hacemos lo que está bien, lo que el sistema nos dicta, lo que les gusta a nuestros mayores, lo políticamente correcto, y existe otro mundo en el que conectamos con lo que a nosotros nos mueve el alma,

conversaciones y cuentos preciosos,

en la bruma, en la espesura, con sabor a salitre, con olor a nenúfares, al contacto con el musgo, cada quién sabe qué le gusta, y siempre es bienvenida esa aproximación personal,

que nos contacta con los que nos da vida.