no hay dos sin 3, san Andrés

en este mundo lleno de causualidades observo 3 nuevas, ya que el domingo por la mañana, antes de volver a Madrid, visito un hostal, la isla, al que un día voy a llevar a un grupo de personas en desarrollo, en un viaje personal en la naturaleza

un viaje virtual del  ego al eco, el viaje de las personas normales, también conocido como el camino de Santiago, que desarrollamos en varios espacios seleccionados, de los cuales el cabo de Gata es mi favorito,

qué casualidad que el hostal la isla, relacionado con la empresa de actividades la isla activa, hace referencia a la isla que está en la bahía de Carboneras, la isla de San Andrés.

qué curioso, y vamos a por el 2, que la buganvilla que me seduce esté en un local que da de frente a un castillo precioso, en cuya entrada me encuentro una colección de estrellas doradas de 5 puntas (el ser humano representado),

el castillo de San Andrés.

y vuelvo a Madrid, y sigo con el tran tran del tren, con la publicación del proyecto el 3ple camino (la app) en la plataforma goteo, proceso que lanzo el viernes y que concluye el miércoles, tras la revisión que hace Javier,

y que incluye un premio muy interesante, el primer proceso de acompañamiento de facilitadores, que nosotras llamamos jardineras, de entornos de confianza, que vamos a programar el 29 y 30 de Noviembre, y el 1 de Diciembre,

para hacerlo coincidir con el Fair Saturday, sin más, siguiendo la recomendación de asistir este año que me hace Gonzalo, nuestro amigo de wikiopps, cuando podría haber sido en cualquier otro espacio y fecha, 

qué curioso, el 30 de noviembre es la festividad de un santo que no te puedes imaginar, ¿verdad que no?, patrón de Escocia, primer apóstol de Jesús, porque no hay dos sin 3, San Andrés.

   así lo vimos…

en esta vida en la que todo se vende y se compra, yo cada día compro más las causualidades, hechos aparentemente fortuitos, hechos mágicos, si los observamos desde nuestro mundo consciente, racional, 

hechos que seguramente son una autovía inconsciente de lo que tenía que pasar, cuando aceptamos que esto empieza y termina cuando tiene que empezar y terminar, sucede lo que tiene que suceder, y están todas las personas que tienen que estar.

y acepto que las personas a las que hemos convocado para ser jardineras de entornos de confianza nos dirán lo que nos tengan que decir, en este mundo mágico, perfecto, en el que, 1, 2, 3, qué causualidad, yo simplemente pasaba por ahí.

y a ti, ¿qué idea extraña y qué causualidad te cuesta tanto comprar?

hoy el 3ple camino (la app) empieza a gotear, en la plataforma goteo, gota a gota una propuesta al encuentro del mejor yo soy posible, una iniciativa de la que tú también puedes ser parte.

si quieres seguir sin-frutando de esta vida fácil, llena de preguntas sin respuesta, de conexiones improbables, casi imposibles, en campamentos y reuniones raras, en viajes exóticos, puedes seguir leyendo la serie explorando el azul, o indagando el verde,

de la misma forma que puedes indagar este proyecto, 

entornos de confianza, un proyecto en evolución. 

con 3 actividades de presentación de entornos de confianza realizadas,

eso es setiembre, empezamos octubre en el meetup de re-imaginando organizaciones en Madrid, el 12 de octubre, si ya es mañana, día de la hispanidad, curiosa fecha, con más de 100 personas inscritas, no importa que muchas falten,

seguro que van a estar las que tienen que estar, en esta reunión que empezará cuando tenga que empezar, terminará cuando tenga que terminar, en la que sucederá todo lo que tenga que suceder,

y que va a preceder, si todo va bien, con la ayuda de Jaume y Jaime, una presentación en BCN, y tal vez, otra en Sevilla, ¿nos ponemos a ello, Sebas?, 6 reuniones (2 *3) antes de dar el salto a México lindo y querido, si muero lejos de ti …

desde organizaciones con espíritu y corazón estamos comprometidas en el desarrollo del 3ple camino de las personas, los grupos y las organizaciones, con 3 conjuntos de capacidades que quedan representadas por 3 palabras,

curiosidad– empatía – coraje,

3 características que están relacionadas con 3 ámbitos de desarrollo organizacional, ya que

  1. la curiosidad es la llave de las organizaciones innovadoras,
  2. la empatía es la llave de las organizaciones sanas,
  3. el coraje es la llave de las organizaciones excelentes.

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional creative commons inspirado en la teoría U de Otto Scharmer y en la teoría del color de Goethe que compartimos desde este enlace.

 

 

 

acompañados por las olas y el viento (epílogo)

mikel739rojo Son las 15:51 del lunes 26 de Agosto de 2013. La historia que me he contado en voz alta, escrita negra sobre negro, quién sabe con qué fin o utilidad, relata una historia que ocurre entre el viernes 9 y el sábado 17 de agosto, 8 días.

8 días más han pasado desee el sábado 17 hasta ayer, domingo 25 de Agosto. Es el lunes siguiente, 26 de Agosto, cuando hago recapitulación.

En estos 8 días de en medio, he aprovechado para crear un blog en wordpress. www.coachingdeolasyviento.wordpress.com, de empezar la descripción de la semanita, en 21 capítulos, un capítulo 0, un prólogo y un epílogo, con el que me apaño ahora mismo. Además he atendido otros frentes. El miércoles me reuní con Fidel toda la tarde en Ávila, para pulir un diagnóstico en innovación en colegios profesionales que lanzamos acabando el verano, me he juntado a comer el jueves con Carlos, un amigo de aprendemos todos con el que he tenido la suerte de coincidir en este último año, he salido de fin de semana con Fernando, mi actual compañero de piso, desde el viernes hasta bien entrada la noche del domingo, pasadas las 11 de la noche. He hecho un par de cosas.

El sábado, Silvia conoció a mi madre. El domingo, yo conocí a los suyos, y a su hermano, cuñada, sobrinos, …, para volver a continuación a Madrid.

Una semana de vida es tiempo suficiente para que nos pasen muchas cosas, alguna de ellas reseñables. Alguna de ellas puede, incluso, cambiar el rumbo de nuestra vida.

Yo he empezado un libro que trata de Coaching de olas y viento, y que incluye otras cosas, mayormente autobiográficas. La historia del naúfrago es total. Déjame que la reivindique de forma especial.

En este corto espacio de tiempo, me han seguido pasando cosas. Te cuento. Fernando me ha invitado a pasar con él las fiestas del pueblo. Yo, sin dudarlo, le he dicho que sí. Tan así ha sido, que al de un rato Fernando le preguntaba a Marta si realmente me invitaban o no. Yo, entre otras cosas, tenía ganas de conocer a Marta. En la única visita que ha hecho con sus dos hijos a Madrid este año, no la llegué a conocer. Sí conocí a Pablo y Dani, que vinieron antes, qué curioso, no me acuerdo por qué circunstancia, pero no me junté con Marta. Creo que tenía un taller de fin de semana y aproveché a dormir en Madrid, en casa de Silvia. Me quedé con pena, pero no la conocí ese fin de semana. Como decía, sin saber muy bien por qué, pero justificando el sí, un poco por conocer a Marta, un poco por conocer los pueblos que pueblan buena parte de las historias de Fernando, junto con Cáceres y Palencia, le acepté un fin de semana en las fiestas del pueblo, en Mantinos, a pocos kilómetros de Guardo, donde viven los padres de Marta. La historia de Fernando, cuyo padre vivió empleado de la térmica, la del padre de Marta, que trabajó en Carburos, su madre, hermanas sobrinos, es una realidad a la que hoy le pongo cara y ojos, una realidad más cercana.

Me lo he pasado muy bien en Mantinos, y en un par de excursiones en bici de monte, una hacia el norte, hasta Guardo, otra hacia Villalba, al sur, dos recorridos entre los que elijo el de ayer, el duro, todavía me duele el culo sentado delante del ordenador. Me lo he pasado bien allí y en el trayecto.

La última nota autobiográfica me tiene un poco despistado. Resulta que hace tres años maría y yo hicimos el último viaje en concordia y paz. El recorrido es muy curioso. Aprovechando que los niños estaban en los scouts dos semanas, y teníamos una visita de un día entre medio, aprovechamos la primera semana para viajar por el cabo de Gata, Almería. 5 o 6 días tras los cuales subimos a Madrid, y con breve parada y fonda, rumbo a la provincia de León. Aunque no he sido capaz de recordar dónde se celebró la acampada de mis hijos, según subía el viernes con Fernando al volante, el camino me sonaba, me sonaba, me sonaba. Yo he pasado por aquí, y Fernando diciéndome que no, que hay varios valles paralelos, con carreteras todas iguales. Yo he pasado por aquí, mirando a la derecha y a la izquierda. A la altura de Carrión, y la rotonda por debajo de la autovía que la cruza, la sensación es muy intensa. Al pasar entre campos de cereal y girasoles, y la villa romana de la Olmeda, ni te cuento. Al ver la colonia de la térmica el día siguiente, la evidencia explota.

Estoy recorriendo el mismo viaje que hice hace tres años con maría. Almería y Palencia León, qué curiosa es la vida.

Antes de salir rumbo a Mantinos yo mismo me sorprendo del giro del relato, con tanta presencia del naúfrago, y una historia de fondo tan personal. Después de volver, reconozco una pauta, una historia paralela que no acabo de descifrar. A veces, nuestra vida se puebla de pistas, pistas que no somos capaces de interpretar, o lo que es peor, interpretamos de aquella manera, o como nos viene en gana. En cualquier caso, no me parece una casualidad la invitación de Fernando para pasar este fin de semana, precisamente éste, junto a su familia.

En el primer libro que escribí, “Si no lo veo me lo creo”, en poco más de un fin de semana repasé mi historia laboral reciente, desde los 24 a los 47. En “Coaching de olas y viento”, en una semana, porque no tocaba hacerlo en menos tiempo, que poder se puede, repaso 9 días de mi vida, los 9 días que dan pie a una forma diferente de hacer Coaching, ligada al territorio y a la naturaleza, y a acompañar el desarrollo personal con los mínimos medios, menos es más, la observación, la tranquilidad, despacio, y el agradecimiento, lo que hay, en contraposición de lo que no hay.

En tres años se pasa de una relación a una ruptura, un desierto inconmensurable, y a un nuevo escenario. Hay cosas que vamos a buscar conscientemente y otras que llegan como consecuencia de lo que hemos hecho. Y hay otras, finalmente, que no buscamos deliberadamente, que aparecen en el camino.

Tal como comentaba unas líneas más arriba, considero que el proceso de estos 9 días “me ha ocurrido”, o “me ha sido regalado”. Como tal lo recibo, como un regalo. Un regalo que ya me ha sido de provecho a mí, y que puede servir a otros. Un regalo fue coincidir con Mariano y empezar a imaginar la sopa de piedras en las organizaciones, organizaciones con espíritu y corazón, un regalo este viaje con Silvia y posteriormente con Fernando, que replican mi último viaje sano con María, dando pie a Coaching de olas y viento. En el proceso he imaginado este proceso en Cádiz y en otras playas más allá del desierto atlántico, en la Riviera Maya, en Veracruz, en los Cabos. Como decía Einstein, “la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Reviso lo que he leído antes de partir, el artículo de la vida de los grupos y unas cuantas páginas de flow, y lo que he llevado para leer a Cabo de Gata, así como el cuaderno vacío, y me muero de risa. Si no lo veo, me lo creo, efectivamente.

Por último, y para ir terminando. En marzo de este año yo no había escrito un post en el blog de oé corazón. La idea empezaba a rondarme la cabeza. En Julio creé dos grupos en linkedin sin una estrategia clara. La estrategia vendría después, se hizo reconocible tras una conversación y un comentario casual con Juanan y Antonio, socios de video bravo, que me apuntaron el hilo mental del reconocimiento, tema central de mis conversaciones de esta semana con Silvia, yo me reconozco, yo te reconozco.

No sé si existe o no existe Coaching de olas y viento en México, pero una vez he pensado en crear un puente entre España y Latinoamérica, con una segunda pata en México. No sé si es una realidad o es una ficción, pero a veces es tan potente la imaginación…

Mientras, sigo ejerciendo a escribir a ratos cosas que me ocurren a mí pero nos ocurren en realidad a todos. Es terriblemente terapeútico el valor de escribir. Casi tanto como el de compartir, el de ayudar, el de servir a otros.

Agradezco el camino vivido, el aprendizaje con Gorka y Maitane, con María, cerca de la escuela Micael, con la antroposofía de fondo, la triformación y la causualidad de coincidir con Luis este año, y con Mariano, con Fernando, con Ana y con Silvia, con Pedro y Natalia, con Mario e Irene, con Javi, Jose, Joserra, personas preciosas que alumbran, como las piedras, mi día a día. No tengo la capacidad de leer la historia grande, pero me fascinan los detalles del camino. Si algo sucede y estoy ahí cerca, que sea para bien. Si algún día participo en un naufragio, me pido tronco.

Dedico estas líneas a mi padre y a mi madre, a los que cada día reconozco mejor. Dedico estas líneas a Gorka y Maitane, que espero que un día cercano se reconozcan perfectamente, a pesar de todo lo vivido. Que el viaje sea bonito. Os tengo en el corazón.

mikel739rojomon  así lo vimos…

con esa peculiar forma de mirar,

mirándote me encuentro,

mirándome ojalá un día llegue a ver.

 

aguas y pipas para el camino

tronopor la mañana, dentro de la rutina del sol sobre el mar, Silvia de paseo, yo respirando, una sorpresa nos acompaña. Silvia ha descubierto un trono. Alguien ha rendido su particular tributo al mar, al sol y al viento con una mini palapa, formada por juncos y carrizo, con colgantes de piedras y conchas. Un tributo a lo simple desde lo simple. Un ejemplo del detalle aplicado en cada cabo, en cada agujero, en cada unión.

Admiramos el sol reflejado en el mar, y partimos no sin despedirnos antes, a Carboneras. Hoy nos hemos despertado antes, y decidimos darnos un paseo por la playa de Carboneras, más allá del fin del paseo. Nos cruzamos con dos ciclistas, que han empezado el día con ejercicio, con una pareja con hijos, una familia desayuna en una terraza próxima a la playa.

Me pego un baño y me ducho para refrescar el cuerpo de mañanita, mientras Silvia medita en la orilla. Volvemos el camino andado y apuntamos mentalmente, sin bolis ni móviles a mano, un teléfono de una casa destartalada que se vende o se alquila. Seguramente sí, pero quién sabe, vaya usted a saber, ese teléfono es otra anécdota más en nuestras vidas, porque nunca se sabe.

Pasamos por delante del Cabo, y de una terraza en la que cenamos anoche. Desayunamos en el Santero en una secuencia conocida, que se ve truncada con los bises. Hoy no tomamos un segundo café. Salgo con ganas de Carboneras, que no de Aguamarga, colonia piji, de crear unas páginas que hablan del Coaching de Olas y Viento, y quién sabe si unas líneas de cómo se gestó, de cómo apareció en nuestras vidas. Compramos agua y pipas para el viaje.

Un montón de polvo en el coche es la prueba de que sí pasamos una semana ahí. Como algún día el coche pasará por el autolavado, unas cuantas fotos, unas piezas de cerámica, 3 imanes, dos bolsos, una alfombra, un collar y unos pendientes, que hacen juego entre sí aunque a la chica que los lleva no le gustan los juegos, qué curioso, y un vestido de charlestón son pruebas de que esa semana sí existe en sus vidas. Como el libro titulado “lo demás es oscuridad” y un par de cosas más. Nuestras colecciones de piedras y conchas. Piedras de el Escullo, de San miguel, de la playa de los Muertos, de la playa de Carboneras. Sí, las cuatro más significativas, a modo de resumen, las recogimos en Carboneras, un pueblo que no sé si es bonito o es feo.

El chucho en el Felipe y las chicas de el Santero quedan atrás, como Ana, en el faro, o mi amigo naúfrago. Me da pena no haber cruzado unas palabras con él, pero no importa, porque le acompaño en el sentimiento. Lo que está pasando sólo le lleva a un lugar mejor, un paraje cuya belleza ni siquiera imagina hoy. Un viaje que sólo puede hacer uno solo, un viaje interior. El desierto es bonito. El desierto es bueno. El desierto es verdadero. Y necesario. Este es un tributo a todas las personas, como tú y como yo, ciegas a ratos, con nuestros ratos de claridad, porque lo demás es oscuridad, en desarrollo, probando, fallando y acertando en nuestras relaciones, naúfragos ocasionales en este paseo que es la vida, que nos lleva de aquí hacia allá, con la ayuda de nuestra amiga naturaleza, olas y viento en nuestras vidas.

Aguas y pipas para el camino.

Podría ser más largo, podría ser mejor. Pero es lo que es. O como lo vimos, quién sabe.

Un rato de charla, siempre amena, y unos pocos kilómetros nos separan de Polop, de Alicante, de nuestras madres y demás familia, que también existe, de nuestro segundo proceso de reconocimiento, ellas, y del tercero. Pero esa es otra historia.

Desde la playa de Alfaz del Pí, a 15 kilómetros de Polop, llamo a casa y anuncio a mi madre que pasamos a saludarles y a comer aunque esté la casa completa. Me comenta que Aitor y Susana ya están de vuelta hacia su casa, han salido hace media hora, qué curioso. Ayer la señal era de no pasar. Hoy de acceso permitido. En medias, un día que ha sido muy especial. Un día que ha dado, de alguna forma, sentido a todo lo vivido. Un día que sirve para traspasar la anécdota y convertirla en algo más.

Un cuaderno vacío que no lo estaba, un libro que no compré y me eligió, una colección de piedras, y dos o tres anécdotas para contar en casa, o en otros foros de amigos. Porque somos nuestras ocurrencias, somos nuestras canciones, somos nuestras citas, somos nuestros sucedidos, que diría mi abuelo José, y nuestros sombreros, devuélveme el sombrero de mi madreé, y quédate con todo lo demás, qué divertido es salir de casa, y recuerdos del mundo sutil en la mochila.

tronomon   Así lo vimos…

yo celebro, tú celebras, todos celebramos

3pecesY ahí estamos, en el día en el que no estábamos ya allí, con el libro terminado, unos apuntes muy divertidos en el cuaderno vacío, y el espíritu en celebración.

A la tarde, me despido de Chucho sabiendo que lo volveré a ver, o no, pero me alegro de haber estado estos días aquí. Buscamos indalos sustitutos de los de la tienda del rompe-paga, qué bonitos, qué horror. Y entramos en la exposición del Castillo de San Andrés. Una banda roja señala que la exposición está cerrada. Hay personas preparando una representación en el interior del castillo, una planta cuadrada al aire libre, megafonía y sillas incluidas. MI primer jefe me enseñó en mi primer trabajo que “el que pregunta se queda de cuadra”. El que pregunta queda vinculado por la respuesta que recibe. Una frase que depende cómo se utilice es positiva o negativa. En su vertiente positiva es un llamado a la iniciativa. Si crees que debes hacerlo, hazlo. Si te equivocas, si la has cagado, siempre puedes pedir disculpas. Hemos experimentado la fuerza de la pregunta y su correspondiente respuesta con el vaso mojitero en chiringuito Ana, y con las olas rojas, a escasos metros. Decido ver la exposición de fotos de la zona con el mismo espíritu de reverencia, respeto y celebración. Abro ligeramente uno de los pies que sujetas una tira roja que indica la prohibición y paso al recinto. En el interior se pueden observar las fotografías y detalles constructivos del castillo. Un día pude ser arquitecto pero tomé otra elección. Un día fui naúfrago pero elegí sobrevivir. No hemos vuelto a ver a nuestro amigo desde el Faro, pero no me extrañaría verle en el castillo.

En nuestra ruta de 7 noches, con sus correspondientes días, hemos avanzado en sentido horario, haciendo la goma, pero poco. El único tramo rápido del trayecto fue ayer, con un tramo de autopista entre Níjar y la venta del Pobre. En estos días me reencuentro con un latir muy personal, que me ayuda cuando me paro, cuando bajo el ritmo, cuando percibo y me maravillo, cuando leo pequeños detalles, cuando disfruto con tonterías como un niño. Ahora con la pillería sin maldad de ver las fotos. Saliendo de la exposición, a la que me ha acompañado Silvia en sepulcral silencio, me admiro con unas ánforas restos de naufragios. En especial me gusta una, una pequeñita que servía, según el rótulo, para transportar esencias y perfumes. Es una maravilla cómo ha cambiado todo en unos pocos siglos, por no hablar de la revolución de internet estos últimos años. Salgo del castillo de San Andrés con las ganas de comprar el ánfora, porque menos es más, y hay que dejar algo para el siguiente viaje.

En el proceso de despedida, totalmente festivo, entramos en una tiendita pequeña, en la que exponen arte. Nos atiende un señor soleado. Él también colecciona piedras. Me veo retratado en edad avanzada. Nos enseña varias que va a incluir en sus próximos cuadros. Y nos explica del origen del sitio. 7 artistas que se juntan para exponer en este espacio, por el que han pasado grandes artistas. Alguno de ellos, en épocas mozas tuvo que pintar paredes para comer. Nos enseña las obras de los siete compañeros de viaje, en esta curiosa comunidad, que él llama cooperativa, en la que algún día uno vende más y otro menos, y los gastos no corren parejos. Mañana uno de ellos expone nueva obra y nos invita para que pasemos a la tarde. Le respondemos que mañana a la tarde no estaremos en Carboneras, sin saber a ciencia cierta si estaremos o no. Tal vez sí, aunque nuestra intención es la contraria, pero ya hemos visto que los planes, afortunadamente, no siempre se cumplen.

En el proceso de despedida, hojeo un libro que tienen a la venta: “lo demás es oscuridad”, qué bonito título, para un libro de poesías, relatos e imágenes, homenaje a los faros. Me compro este libro que seguro me da luz a alguna que otra mañana y tarde sombría en el futuro, que haberlos seguro que los habrá.

Salimos a la calle, y compro mi último trique del viaje, una alfombra trenzada, con llamativos colores, granates, azules, naranjas, entrelazados en espiral, como la espiral de nuestro desarrollo personal. Algún día decorará una esquinita de mi vida, quién sabe cuál, quién sabe dónde, o de un ser querido.

En pleno proceso de comunión, paramos en una heladería del paseo, ya son casi las 9. Los servilleteros se encuentran rematados de piedras, con dibujos de niños. Mira esta qué bonita, y mira ésta, ven aquí.

Nos espera una cena muy rica en el Cabo. Una cena que no se celebró ayer, todo reservado, porque no le tocaba. La luna sigue creciendo sobre nuestras cabezas, a la derecha de las sombrillas sobre el cabo, y la conversación gira a los grandes temas de la semana, el Coaching de olas que se ha convertido en Coaching de olas y viento, en reconocimiento de otro de los agentes que hacen reconocibles este trayecto, y estamos en pleno proceso de reconocimiento personal, quién soy yo, antes de reconocer a los otros, en medio del agradecimiento de estar vivos aquí, ahora, pudiendo disfrutar con salud este milhojas de calabacín o esta parrillada de verduras, bañado con un flor de Indalia, un blanco de la zona, porque siempre es importante reconocer el territorio. Los grandes temas se funden con los pequeños, el café de mañana en las Negras, las raciones en el Raspa de San José, el erizo y las berenjenas, tontería y media.

Nos espera la playita y un proceso no por repetido menos agradable, no por repetido exento de novedad. Hoy tampoco desplegaremos velas.

Mañana, si el viento es propicio, otras costas nos esperan.

3pecesmon   Así lo vimos…

yo me reconozco, yo te reconozco, reconozco el entorno y actuo en consecuencia

graciasmama

El sol de mañanita es precioso. Paro para respirar, una rutina de 20 minutos largos que aprendí en el Arte de Vivir hace casi dos años y que he incorporado a mi vida, un regalo de Artemio, un regalo de Beatriz, de Ana, un regalo de la vida. Luego, me pego un baño mañanero de celebración. Recogemos los cachivaches y nos acercamos al Ventero a nuestro último desayuno antes de salir. Desayunamos quién sabe qué, con café con lecha, la tostada tuya así, la mía asá, y llamamos a casa para saludar.

Mi madre tiene una casa en Polop, un chalet que se empeñó en comprar hace unos años, porque ella siempre ha hecho negocios comprando y vendiendo tejas, que siempre aumentan de valor, hasta que la tendencia cambió, una casa a la que apenas va, porque queda muy lejos, y no se atreve a estar sola, cerca de la montaña en vez de en el bullicio de Benidorm, una casa que ahora quiere y no puede vender. Después de varios años en el intento, parece que ha encontrado comprador a la baja. En esta operación parece que toca perder. Estos días está con Mariam, amiga incondicional, que le acompaña en estas dos últimas semanitas. Adicionalmente, mi hermana se ha juntado con Aitor y sus dos hijos. Le comento que me junto a comer con Silvia y me dice que bien, pero que ni se nos ocurra ir a dormir, que no hay sitio.

Se lo comento a Silvia, cuyos padres viven en Alicante. Los abuelos tienen una casa desocupada, y Silvia decide preguntarle a su madre si hay algún problema en que vayamos a dormir a casa de los abuelos. Su madre le dice que unos primos suyos están al llegar, y que prefiere que no durmamos ahí.

Cuelga Silvia y nos miramos, todavía sentados en la terraza de la cafetería, con la cuenta y el billete de vuelta en las manos. Tenemos dos opciones, que pasan por ir a Polop y dormir en el camping, qué pereza, o buscar habitación, o en Alicante, o en algún sitio en el camino. Sin embargo, estamos felices aquí, en esta playa tan poco guiri. Decidimos a ampliar nuestra estancia en Carboneras. La señora que lleva nuestros apartamentos no nos pone ningún impedimento. Tampoco la agencia de viajes. Nos vamos a la playa con los trámites resueltos.

En la hoja correspondiente al viernes, día de nuestra vuelta, que no lo fue, en el cuaderno blanco que no lo estaba, reza:

Expulsa2 de la familia.

Bienveni2 al paraíso.

En el apartamento nos amplían un día la estancia.

Acostumbra2 al aire libre.

No problemo.

Apuntes que surgen tras recibir un no-no familiar. Como estamos aprendiendo a ver lo bueno en lo que ocurre, en lo que es, y tal vez porque no hay una realidad mejor esperándonos en casa de nuestras madres, la frustración no existe. Nos morimos de risa con el proceso de aceptación familiar.

En la playa, hay un tercer no. El levante ha recrecido: las olas son de tamaño considerable, inusuales en esta zona. La bandera es roja. Acostumbrados a desobedecer, o no muy duchos en llevar la corriente, decidimos probar a entrar. El acceso durante toda la semana a las playas, muchas de ellas de piedra, muchas con tramos de piedras, ha sido dificultoso. Si seguimos con el mismo método hoy va a ser imposible. Me acuerdo de la chica de Almería en la terraza, surfista de body, y de mi juventud en el país vasco, en las olas de Sopelana, y me digo que ese rojo no es mucho más duro que varios amarillos en los que ya he nadado, y me meto corriendo y pincho una ola para empezar. Y otra, y otra. Si no puedes con ellas, bucéalas. Compruebo que no hay resaca. La mar no tira hacia adentro. Mucha ola noble con calificación de roja. Un poco por costumbre, aquí no acostumbran este tipo de ola, un poco para prevenir del peligro al respetable. La circunstancia, ya en las toallas, se convierte en apunte.

“Buceando olas de 3 metros”. Por azares del destino, el apunte recibe el número 1.

“Buceo olas con erizos” recibe el número 2.

“Planto mi tienda a socaire” recibe el número 3.

“Yo me reconozco, yo te reconozco, yo actúo en consecuencia” recibe el número 4.

Todas nuestras conversaciones del viaje, relacionadas con el contento, la celebración, el reconocimiento, interno antes que externo, cobran sentido.

Buceo olas de 3 metros hace referencia a los peligros y riesgos evidentes, magnificados o no, que hay en nuestras vidas. Buceo olas con erizos se refiere a los otros peligros, los sutiles, los que dieron con el pie de Silvia, que no las olas, en la enfermería y el Betadine, planto mi tienda a socaire es el reconocimiento de otros agentes que conforman el medio en el que estoy inmerso. Yo me reconozo, yo te reconozco, yo actúo en consecuencia es el método. El símbolo del paso 4, el indalo, representa la comunión del hombre con el sol naciente. Un símbolo que data en el 4000 antes de Cristo. Un símbolo de la comunión del Ser Humano con la tierra que le alberga.

En la cabecera de las 3 páginas con hojas, un título: COACHING DE OLAS.

En el proceso de la mañana en el que nuestras madres no nos aceptan en nuestras casas, en el proceso de desobedecer a las órdenes de fuera, y seguir el llamado interno, lejos de la frustración y la rabia, nos hemos encontrado con un regalo. La visión global de nuestra semana en el parque, quizás algo más.

En mi gusto por las piedras, recojo una que me gusta y la guardo. Silvia, a la que se le van pegando los malos hábitos más rápido que los buenos, aparece con 3 piedras. Qué raro, Silvia cogiendo piedras. “Mira qué bonitas éstas”. Yo, que no ando corto de imaginación me pregunto si tienen algo que ver con los apuntes en el cuaderno.

Una de ellas es una piedra gris con rayas blancas dibujadas y una mella. La segunda en una pizarra redondita y lisa, la tercera es una piedra blanca con una mella profunda. La primera representa el movimiento de las olas, una tras otras, no te descuides que vienen más, y lo que te puede pasar si una, sólo una, te revuelca. La pizarra es el símil visual para una playa con el mar como un plato. El peligro no manifestado en un entorno aparentemente apacible. La tercera simboliza el refugio detrás del viento. Encima de la mella o un escalón más abajo. Por último, la cuarta, la que yo cogí es una piedra difícil de describir. Creo que más importante de lo que se ve en la superficie, es lo que se adivina en el interior. La cuarta piedra es una de esas piedras transparentes, bellas por lo que sugieren, por su luz interior.

4piedrasenlatoallaEl Ser humano que surge de dentro hacia afuera, yo me reconozco, para manifestarse y reconocer, primero a los otros, luego su medio, y actuar en consecuencia. Como mi jefe joven y creativo, que se reconoció en el arte de la alfarería. Como tantas y tantas personas a las que reconocemos una vez han hecho su recorrido interior.

En el cuaderno, un gracias mamá de Silvia, otro mío, cierran el cuaderno vacío, que se inició 12 años antes con unos apuntes de un libro de liderazgo y de los cuatro acuerdos. Es un número divertido el 4.

Re-conocerte

Encontrar tu voz

Potenciar tu luz

Karavanshar Bermeo,

Coaching de olas cabo de Gata (cai).

Son los últimos apuntes de este cuaderno vacío. Espero que no hagan falta otros 12 años para sacarlos a la luz.

Estoy contento. Silvia también. En el proceso de re-conocimiento interior, del famoso quién soy yo, nos hemos encontrado con Coaching de olas. Pasamos por la terraza del Cabo para reservar por la noche. Las 9 y media puede estar bien. Es hora de celebrar. Chucho debe estar esperándonos. Efectivamente, al llegar, dos cañas nos saludan. Buena hora para comer.

 graciasmam2mon    Así lo vimos…

esta entrada corresponde al capítulo 19 de «coaching de olas y viento», que incluimos en el blog con el mismo nombre, www.coachingdeolasyviento.wordpress.com

Y tú, ¿qué tipo de disgustos, agravios y frustraciones coleccionas?

bolsoamarillo La comida en el Felipe es bestial. Chucho y el Felipe en medio de la celebración del 15. 1, 2, 3, 4, 5, no sé cuántas cañas tubos llegamos a trasegar. Tantas como raciones. El pueblo está de fiesta y nosotros también, maravillosa coincidencia, que no siempre ocurre. Por eso, es bueno celebrarlo cuando se da. Mentalmente, yo ya estaba de despedida, aunque no sé explicar por qué. Es muy curioso, pero todo lo que oímos, vemos, leemos, nos condiciona. Hasta un punto difícil de explicar. El me marcho el jueves había creado, es difícil de negarlo, una barrera mental difícil de sobrepasar. Todo lo que vaya más allá es tiempo “extra”, lo reconozca yo o no.

Jueves en la tarde y medio jarras en Carboneras, mal momento para coger el coche. Si la vuelta estaba pospuesta un día de forma tácita, ahora es de forma natural.

Disfrutamos de las últimas tapas, le dejo una buena propina a Chucho, y entretenemos la tarde en la playa. Un café con leche, un mojito y sombra para hacer el tiempo que resta hasta la noche transitable.

El sábado le habíamos pedido al camarero un vaso. Uno de esos que a veces la gente acostumbra a robar. Ceniceros, vasos, cucharillas, hay coleccionistas de todo tipo en esta vida. Mi exsuegro colecciona tortugas. Mi exsuegra brujas. Hay que tener cuidado con lo que coleccionamos, no vaya a ser que la energía del objeto tenga vida propia…

Pues eso. El sábado le preguntamos si nos regalaban el vaso, y nos respondieron que no podían, porque el domingo tenían una jarana con mucha gente, y lo iban a necesitar. Que volviésemos el lunes, después del tumulto y nos lo regalaban si tomábamos un mojito. Fieles a la conversación, ya a jueves, le vuelvo a preguntar al camarero si me puedo llevar el vaso del mojito. No sin dudarlo, me responde que sí. Un rato más tarde, no sin dudarlo, me llevo el vaso mojitero.

La tarde transcurre sin sobresaltos. Ya casi me he leído el libro completo. En la página del día de hoy del cuaderno en blanco, varios apuntes dispersos.

Te deseo un buen día si es eso lo que quieres, una cita de Benedetti.

dubidú, dubidú pero siempre tú, una canción que me ha venido martirizando todo el rato en los dos tres últimos días.

Joven y creativo *, con un asterisco que indica que tengo que incluir el post en el apartado de la organización que juega, destinado a la creatividad de las organizaciones,

Que tengas buen día, a menos que quieras otra cosa, cita de Benedetti corregida por Silvia.

Qué bonito, ¿de dónde es la cerámica?

Hago un repaso, y pienso en todos los días en que no hemos querido, o no nos hemos permitido, ser felices. ¿Cuál es la diferencia de nuestro lunes, martes, miércoles y jueves? Un matiz. Pequeño o grande, quién sabe bien, el matiz hace toda la diferencia. Decidimos celebrar lo que tenemos delante de las narices o quejarnos de lo que no tenemos.

Es ese matiz el que nos permite disfrutar de nuevo de lo pequeño, de la lectura y del descanso antes de que llegue la noche, y más tarde del paseo de la virgen, enfrente primero de la oficina de turismo, luego del bar del primo del Felipe, interrumpiendo nuestro paseo. Pequeño o grande, decidimos sumarnos a la celebración del pueblo, y pedimos hora para cenar en el Cabo. Pequeña o grande es la frustración que nos cruza cuando nos indican que no se puede, que todo está ocupado, pequeño o grande es el tiempo hasta que decidimos si nos frustramos con lo que no hay o celebramos lo que sí hay.

Esa noche acabamos cenando de tapas, 4, porque el cuerpo no tiene espacio para 5 cañas, hay que respetar las señales, a veces sutiles, a veces no tanto, que nos manda el cuerpo, y paseamos los tenderetes del paseo. Silvia se acaba comprando unos pendientes y un collar, ha sucumbido al consumismo. Y yo me acabo de comprar dos bolsos, uno amarillo, plano, raro, como si fuera para documentos, para adornar el salón, es que estoy buscando un poco de color, y otro viejo, de cañazo, estropeado por el agua, con refuerzos inferiores y mangos de cuero. Muy chulos los dos. Mi espíritu, y creo que el de Silvia, es festivo. Hemos vuelto a lo que sí hay. Al remanso interior. A lo pequeño y sutil que nos alimenta.

Decidimos ir a descansar antes del viaje. Porque mañana, ahora sí, volvemos a casa. Elegimos la playa del Algarrobico, a escasos 3 kilómetros de Carboneras. Esa playa que quedaba a nuestra izquierda la segunda noche en el parque, después de la excursión por Mojácar. Como ya conocemos el terreno y no tenemos que desplegar la parafernalia de la cena, ventajas de llegar cenados, la instalación la hacemos en un pis pas. La luna creciente sigue creciendo con nosotros en el parque natural.

No puede ser de otra forma. Así es y ha sido siempre. Sólo hay que pasar otro día y mirar arriba. ¿Hace mucho que no duermes al aire libre? Buen momento para proceder.

bolsoamarillomon   Así lo vimos…

Este post corresponde con el capítulo 18 del libro digital «coaching de olas y viento», titulado «Y tú, ¿qué tipo de disgustos, agravios y frustraciones coleccionas?»

Ya puestos, te regalamos otra foto, con medio pensamiento, no cabe mucho más en el bolsillo.

bolsoamarillo2

Si quieres coleccionar disgustos, agravios y frustraciones, mejor si te compras un bolso delgadito.

mi jefe es joven y creativo

nijarAmanece junto al Cabo en otra de esas noches buenas. El mar sigue como un plato, ni una ola en la memoria tras la ventolera de la noche anterior en los Escullos. Un regalito del viaje. Es jueves, día de vuelta a casa de Silvia. Quién sabe cuánto le queda al viaje.

Con la sensación de lo importante que es buscar cobijo cuando la situación lo requiere, una idea merodea en la cabeza. Qué poquito reconocemos el territorio los ciudanitas. El resguardo físico y el resguardo emocional. Creo que el Cabo de Gata, todo el día de ayer, ha servido para ambos fines. Nos despedimos con agradecimiento del Ancón de Cabo de Gata, la playa en la que hemos lamido las heridas.

Nos encaminamos rumbo al desayuno quién sabe dónde. Pasamos una terraza muy agradable, a la altura de la Fabriquilla, que se queda atrás en la indecisión. Me parece que Silvia quiere ir a las Negras, a unos cuantos kilómetros al norte. Le cuento lo que vamos a tardar y decidimos parar en cualquier terraza próxima. Finalmente paramos en San Miguel de Cabo de Gata, una población paisana total, fuera del circuito piji. El pueblo está en fiestas. Luces de Navidad y barracas, signos irrefutables de jolgorio, aderezados con una plataforma en la plaza del pueblo, que la conversación de nuestros compañeros de terraza no tarda en corroborar.

Desayunamos super a gusto, una composición que creo ya conoces. Sin variación en ese guión. Como tenemos viaje, decidimos hacer un poco de playa, recoger unas cuantas piedras, unas pocas conchas y tomar una ducha. El agua está cristalina, fresquita, rica. La de la ducha también. Una maravilla el agua corriente. Una maravilla que no disfrutamos como se merece. La electricidad, el agua corriente, esos pequeños grandes lujos asiáticos de nuestro día a día.

En el camino hacia el Norte (hacia el Sur no se puede bajar más), nos encontramos con una caravana anormal. Es 15 de Agosto, día de la Virgen (cada cual con la suya), y todo Almería se acerca a las mismas playas. Nos damos cuenta cuando llegamos a la rotonda que conduce a San José. Hoy las playas del cabo ganan de goleada. Aunque no sabemos si vamos a seguir en el parque o nos vamos a volver a casa, una rotonda nos da la opción de Níjar. Le pregunto a Silvia si le apetece ver cerámicas y hacer un día más en el parque y acepta la propuesta.

En Níjar entramos por el barrio alfarero. Una primera tienda hace que nos pique el ojo. A mí me apetece comprar un montón de cosas. Hay unas jarras sin asa preciosa, con los colores típicos de Níjar. Me llevaría 3, lástima del precio. Otro tanto le pasa a Silvia, que se contiene. Finalmente, después de charlar con la dueña del lugar, muy maja, seguimos calle arriba. Yo he estado una vez en Níjar, y pregunto por la calle principal. Me contestan que podemos llegar doblando a la derecha al final del barrio alfarero. Entramos en un taller, que es casi una cueva de barro. Paredes, techos y suelo plagados de cerámica hecha en el taller, con utensilios de toda forma, utilidad y tamaño.

Un poco más arriba en la cuesta, doblamos a la derecha para bajar por la calle principal. La comercial. Vemos un escaparate, otro, cruzamos la calle, a nuestra izquierda una tienda muy interesante con artículos de hogar de diseño. Preciosa. Con el espíritu de menos es más, la dejamos para una próxima visita.

Avanzamos cuesta abajo, y cruzamos nuevamente a la derecha. Una tienda enorme se abre ante nosotros. En la entrada, a modo de recibimiento, se abre un expositor con imanes para el refi. Un rótulo llama nuestra atención: el que rompe, paga. Advertimos estamos. Tocamos y tocamos sin romper, y preseleccionamos varios indalos. Alguno de ellos puede pasar a ocupar un sitio en nuestra vida. Entramos en la tienda y vemos un sinnúmero de cerámicas de cualquier sitio. Es tan grande la variedad y posibilidades que, qué curioso, al final todas parecen iguales. El sitio está medio en penumbra, a pesar de la luz exterior. Algo hay que acabamos saliendo sin comprar ni los imanes.

Al lado, girando calle abajo a la derecha, pared con pared, un ejemplo de todo lo contrario. Una tienda pequeña con una variedad reducida de cerámica. Una tienda luminosa, partida por una estantería en dos, ofrece una gama de cerámicas reducida, pero luminosas. De estructura similar a la cerámica de Níjar, los colores no tienen nada que ver. Tonos ocres combinan con granates, verdes, azules cielo, amarillos, muy bonito. Hay unas cuentas piezas en oferta. Ceniceros, cuencos, cajas, … Empiezo a componer la compra. Éste, éste, ésta, esto, y los paso al mostrador para ver cómo conjuntan, o no, y cómo se ven. ¿Los voy a utilizar? ¿Les voy a buscar un sitio o los voy a guardar o amontonar?

Silvia ha salido de la tienda. Ya llevo 20 minutos dándole vueltas a la elección. Como tengo unas cuantas piezas de más, acabo desechando, no sin pena, varias. La compra está hecha. Seis boles, un cenicero jabonera, y una caja componen el pedido. 19 euritos. La dependienta me devuelve el euro de cambio. De salida, me da pena una de las piezas desechadas, una jabonera verde oscura. Intento regatear con la chica, que me dice que bastante está rebajada, qué razón tiene, y acabamos la compra con una pieza más, que envuelve en papel burbuja. 21 euros de cerámica que hoy ocupan un espacio en mi baño y en mi salón. Coloridos, alegres, llenos de recuerdos del viaje. Porque algunos de los cuencos están rellenos de piedras de los escullos, chirlas de San Miguel, rastros de nuestra vida y camino.

Menos es más, qué duda cabe, y si además son bellas mejor. Porque todos tenemos responsabilidad en que las cosas y las personas que nos acompañan en el camino sean bonitas o sean feas, tengan comportamientos, patrones y pensamientos que nos ayudan a recorrer el camino o que nos lo hacen dificultoso. Y elegimos. Si es bonito, si es bueno, si es verdadero, 3 veces bueno.

Por cierto. La dependienta me regala un título para una entrada próxima en el blog de oé corazón. Le preguntamos al despedirnos por el origen de la cerámica, ya que no hemos visto estas tonalidades en ninguna de las tiendas de Níjar. Son de aquí o las traéis de otro sitio. La chica, sonriente, nos regala un sencillo. “Mi jefe, que es joven y creativo”.

Muchas veces, más de las que creemos, nos aferramos al dicho aquel, y me vuelvo a acordar de las citas del libro que me acompaña en el viaje, de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. A veces, todos, en cualquier momento, podemos cambiar el curso de nuestra vida. Se trata de reconocer un impulso que está ahí. No se trata de inventar. Es más bien dejarse llevar por una corriente fresca, nueva, bonita. Está acompañándonos hace tiempo. Queremos hacerlo. Pero entre querer y hacer a veces hay un paso. A veces sólo tenemos que dejarnos un rato. ¿Es fluir? ¿Es ceder?

Entre una cosa y otra, charlando, haciendo una comparación entre las dos últimas tiendas, el cartel del que rompe paga y la chica que tiene un jefe joven y creativo, qué contraste tan grande en tan poco espacio, decidimos alargar un día más la vuelta, y buscar por la tarde el contraste de las olas con el mar. Se nos ha hecho un poco tarde, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Y el viaje vuelve a estar dominado por el buen humor. El “me voy de vuelta a casa el Jueves” de dos días antes parece muy lejano. Unas cerámicas alegres y un post para el blog nos acompañan. Qué brutos somos a veces.

De vuelta a Carboneras, Chucho nos espera.

nijarmon   Así lo vimos…

mi joven es joven y creativo es el capítulo 17 del libro digital (tal para cual) «coaching de olas y viento», una historia real, un sucedido, verídico, increíble como la vida misma, un viaje que esperamos repetir con clientes o amigos cuando sea su tiempo.

la relación con el prójimo es la auténtica base de la existencia.

El otro es ineludible.

El lugar del otro, con quien siempre se ha aprendido a vivir en comunidad, es tan importante que uno podría preguntase si lo sagrado es esta relación con el otro o si es simplemente el otro.

Pero lo sagrado es sobre todo la relación con el otro en lo que tiene de idéntico a uno, es decir, su espíritu.

Veneramos en él, a través de nuestro espíritu, lo que tenemos en común y que finalmente nos une a todos.

Raymond Johnson

pon tu tienda a socaire

asocaire La tarde comienza donde terminó la comida, en la pista de arena que lleva del restaurante a la cala a sus pies. Recogemos toallas, sombrilla y aletas. La tarde es preciosa, al igual que la cala. El azul del agua invita a un baño. Me meto con el tubo y gafas, con dificultades, siempre con dificultades, como en casi todas las playas con rocas. Aquí me resbalo, aquí también, aquí también, pof, ya estoy en el agua, no me he roto nada, y empiezo a nadar. Doy apenas unas brazadas y acomodo las gafas. El fondo precioso, repleto de algas, peces, y al de poco erizos. Una plaga de oricios. Después de nadar, le meto el gusanillo a Silvia, no muy buceadora. Yo tampoco lo soy, a pesar de que hice un cursillo de iniciación hace 20 años, en la costa Brava, aprovechando mi primer trabajo en Barcelona, una situación económica desahogada y muchos fines de semana tontos. A mi bautismo de agua le siguieron muchos años de sequía, que se rompieron con unas gafas y un tubo en la Riviera Maya, en un arrecife de Coral. Está claro que el Cabo de Gata no es comparable, pero es un regalo precioso en cualquier caso.

Con el gusanillo en el cuerpo y el aviso de los erizos, Silvia entra en el agua. Aquí se resbala, aquí también, aquí también, pof, ya está en el agua, no se ha roto nada, y empieza a nadar. Se ajusta las gafas, hace un gesto raro, y sigue.

Ya de vuelta en la orilla, el gesto raro se ha convertido en 4 púas de erizo incrustadas en el dedo gordo del pie derecho. “Si casi ni le he rozado”. Así son los erizos. Es su naturaleza. Como la del alacrán.

Subimos a el Cabo, nos regalan Betadine, una aguja y una vendita y hago de enfermera. Duele mucho, por sus gestos. Yo me seguiría aplicando hasta que me dice que pare. El castigo ha sido suficiente.

Un par de horas más tarde, una reflexión baja a acompañarnos. En una playa con orientación a levante no hay quien viva a estas horas. Hemos pasado el día entero plácidamente en dos playas con orientación a Poniente. Del viento, casi ni señas, que sopla desde nuestras espaldas, respaldados por la colina. Si algún día es el caso, piensa cómo pones tu tienda a socaire (resguardada del aire).

Y no te confíes en las calitas plácidas y bonitas, llenas de tonalidades azules y verdes. Si puedes, apáñate unas gafas. Si puedes, apáñate unas chanclas o unos escarpines. Lo que el ojo no ve es impresionante.

La tarde transcurre y se convierte en noche. Tenemos unas pipas para cenar. También un poco de agua. Como más es menos en nuestras vidas, nos preparamos para disfrutarlas.

Un último viaje a el restaurante el Cabo tiene una sorpresa para Silvia, una ensalada de berenjenas, esa sí nos la pueden preparar sin cocina, repartida en dos platos. Las pipas habrían valido, eso es importante, acompañadas por la ensalada, ese es el regalo, mejor.

Por no hablar del maravilloso anochecer, el sol ya se ha puesto y los naranjas se conviertes en rosas, violetas, azules que se despliegan ante nosotros. La noche cae. Dos lecciones asociadas al territorio nos acompañan en nuestra tienda.

El mar está en calma. No hay viento, no hay olas, paz total, dos parejas nos acompañan en la cala. Será una buena noche.

asocairemon   así lo vimos…

este post se publica en el blog de coaching de olas y viento, y corresponde con el capítulo 16. Puedes encontrarlo en http://wp.me/p3PsWs-47

en el cabo de Gata comemos en el restaurante … «el cabo»

elfaroEl cielo está encapotado, quién lo desencapotará, el levante ha crecido, sin prisa pero sin pausa, cojo la cámara del coche y saco unas fotos, del mar y de la tierra, las algas y la piedra, y plegamos la tienda.

Hemos dormido al lado de un precioso hotel de quién sabe qué precio la noche, quién sabe qué disponibilidad. Por lo menos no aparecía en nuestro buscador. Un lujo asiático comparado con nuestro lujo terrenal. Si Silvia quiere irse el jueves nos queda una noche en Almería. Si decidimos terminar con el viaje, esta ha sido nuestra última noche.

Nos dirigimos a la Isleta, un pueblo muy chiquitito y que me da la impresión de estar desaprovechado para el turismo. Hay un par de bares medio esquinados. Elegimos uno de los dos, la ola, otro muy buen nombre para lo que se puede divisar. Nos abrigamos del viento y del sol en el lateral del bar, y damos cuenta a otro desayuno de, ya lo sabes bien, café con leche, tostada de mantequilla y de tomate, con repetición de café, con repetición de tostada de tomate y aceite también.

Después de cargar los móviles, sin gesto fruncido en este caso, recogemos cargadores, móviles y nos encaminamos a la playa. Oteamos desde arriba la gente peleándose con las sombrillas y la arena levantada. Ufffff, va a ser difícil aguantar aquí. Le abrimos una pregunta al viento de levante y a un paisano que se cruza a nuestro lado.

  • “¿Qué viento hace hoy, ¿hay alguna cala por aquí cerca más habitable?”

La respuesta, con toda la sabiduría que encierra, no se hace esperar.

  • Sí, hoy tenemos levante. No hay ninguna cala aquí cerca salvo que os vayáis al Cabo de Gata.

Dicho y hecho, ya que la alternativa es cambiar jueves por miércoles y acabar las vacaciones ya. Nos encaminamos al pico ese tan característico que tiene España al sureste, ese que aprendemos a dibujar de niños, como la barbilla, la nariz, y la garganta, y la frente. Nos encaminamos al cuello o cogote de España.

En media hora más o menos, ya estamos en la costa sur, parando para repostar agua y pipas, con el lujo de unas patatitas y unas aceitunas en un spar local.

Parada rápida y playita sin olas. Estamos en la playa de San Miguel, como yo, de Cabo de Gata. San yo mismo mismamente y Santa Silvia en Cabo de Gata. Entramos en el agua, nos bañamos, al lado de un grupo de niños en colonias. El contraste de la arena y el mar es precioso. Blanco blanco y azul azul marino, qué bonito es este mundo en el que hemos elegido vivir.

A la sombra de una sombrilla, qué maravilla, mi empanadilla, sabe mejoooorrrr,  reanudo una de mis actividades favoritas: la recolección de piedras, a la que acabo de añadir la recolección de conchitas, pequeñas pequeñísimas. Empiezo a observar la arena. Y empiezo a descubrir que las playas que habitamos tienen muchas más conchitas de las que nos hemos parado a pensar. Estamos sobre millones y millones de conchas que albergaron a seres vivos, habitantes marinos. Es una maravilla descubrir otra miniatura gigante más de la naturaleza que nos rodea. Silvia, un poco por un motivo, un poco por otro, descubriendo la alegría de la meditación activa, me acompaña en la recolección.

Levantamos toallas y sombrilla, y tomamos rumbo al faro de Cabo de Gata.

Desde el mirador de las Sirenas vemos un par de calas a las que no bajaremos, leemos información del arrefice que es una antigua chimenea volcánica, y del faro, construido en 1863, antesdeayer, para mayor seguridad de la navegación.

Nos encaminamos a la comida tras revisar el punto de información al otro lado del parking.

Encima de la cala bajando el faro hay un único bar, con otro nombre arquetípico: el faro. No hay sitio para comer hasta dentro de una hora, horror. La pereza se adueña de mí, al que, qué curioso, cada vez le apetece hacer menos kilómetros, a pesar de que es éste el viaje en el que menos kilómetros he hecho en el cabo de Gata. Hacemos la goma, un poquito para adelante, un poquito para atrás, pero sin cascarnos muchos kilómetros. Finalmente, le pedimos a Ana mesa para dentro de una hora.

El menú es menos vistoso que el de la terraza de Las Negras. Hacemos tiempo con una cerveza cuando aparece en escena el naúfrago. Definitivamente nos estamos siguiendo. Tuya mía, tuya mía, estamos haciendo un viaje paralelo, similar al camino de Santiago, con etapas cortas. Cortísimas. Su estado contemplativo es en soledad. El nuestro en pareja.

Después de la espera, elegimos un par de platos que se han acabado. La carta, de por sí corta, se queda en casi nada. Le pedimos a Ana que nos recomiende: Brotolillas, un pescado que no conozco y chipirones (nuevamente chopitos) es nuestra opción de tiro, acompañados de cervecita y tinto de verano.

Disfrutamos como enanos de la recomendación de Ana y de los chipis. Definitivamente, descubrimos la mejor mesa (porque la mejor barra es otra) de todos estos días en el Cabo de Gata. Fresco, rico, con un saborazo impropio de un chiringuito. Por poner un dato sobre la mesa, los chipirones van acompañados de un par de huevos fritos, qué raro. Nos los repartimos y llegamos a la misma conclusión. No sabemos cómo están hechos, y no sabemos qué nos ha gustado más, los chipirones, tan ricos como frescos, o los huevos. Un invento de otro maravilloso chef anónimo de nuestra geografía.

En la mesa de al lado acaban de servirles unos calamares que me hacen bizquear, al igual que a Silvia una ensalada con remolacha. Si acumulamos las dos elecciones fallidas, hay por lo menos 4 o 5 platos que nos gustaría probar. Nos quedamos con ganas de cenar ahí, pero cierran por las noches. En otra ocasión será. Quién sabe dónde nos pille la noche.

En cualquier sitio del parque, camino del jueves. Antes, nos queda la tarde.

 elfaromon Así lo vimos…

esta entrada corresponde al capítulo 7 de «coaching de olas y viento», que incluimos en el blog con el mismo nombre, www.coachingdeolasyviento.wordpress.com

http://wp.me/p3PsWs-41 en el cabo de Gata comemos en el restaurante … «el cabo»

50 euritos, 60, 75, 120, 240 o 360, y dos tapitas para cambiar el ritmo de jijijajá

chamanNos dirigimos a San José, al sur, haciendo la goma. San José es un punto diferente a todos los anteriores, al menos desde mi punto de vista, dentro del parque natural. Muy bonito pero grande, muy grande. Aparcamos y paseamos por la playa. A Silvia le duele la tripa (cómo nos influye todo lo emocional). Es pronto para cenar y no sabemos qué hacer. La paz se sella con un abrazo de necesidad de las dos partes. Un “por favor, no me trates así” mutuo. Yo también te voy a tratar de otra forma.

Paseamos todos los restaurantes del puerto de ida y de vuelta, paseamos de vuelta la playa, mirando los puestos ambulantes, collares, pulseras, anillos, retratos, piedras, y llegamos a la plaza de San José.

No sabemos si ir adelante o atrás, a una cervecera o a una tetería, irnos hacia los escullos o quedarnos. No sé cuál es el plan de tarde noche y se nota. Estamos sumidos en la indecisión. Al “necesito una coca-cola para el estómago” le respondo con un “¿no prefieres un té?”. Al final, nos movemos en coche hacia las afueras del pueblo. De salida, son apenas las 8 de la tarde, el Raspa, un bar de frituras y raciones que nos han recomendado en la Isleta, ya está abierto. Me paso la rotonda y avanzo dos kilómetros. En el Molino del fraile, alcanzo el arcén y le pregunto a Silvia si me acepta un plan de pescaditos. Volvemos sobre nuestros pasos y buscamos un sitio en la terraza de el Raspa.

La parrilla todavía no ha abierto, por lo que no nos pueden ofrecer todavía una tapa caliente para acompañar la coca-cola y la cerveza. El camarero nos invita a un calamar con tomate. Silvia no se lo toma mientras yo me aplico con el mío. El malestar de Silvia va en aumento y me comenta que prefiere no dormir de nuevo en la playa. Empezamos a buscar alojamiento en internet. Un hotel en San José por 120 €, dos hoteles a un precio más razonable, 75 €, ya en Almería o Retamar. Dos hostales de muerte con mala pinta en San Juan y la Venta del Pobre, 60 € y 50 € respectivamente, completan la oferta. Otro par de alojamientos de 240 y 360 ni los contemplamos. Entre ellos, le propongo salir a Retamar, unos kilómetros fuera del parque, rumbo a Almería. La página web está abierta pendiente de la introducción de los datos de la visa, a un solo clic de aceptar.

Al pedir la segunda ronda, el camarero, majo no, encantador, nos pregunta con qué las queremos acompañar. Le preguntamos lo que hay y nos dice, bonito, boquerones, tal y cual. Nos quedamos con los dos primeros, total vamos a pedir más… Al de poco, en vez de dos tapas, aparece con dos soberanas raciones. Silvia con el estómago mal, tuya mía, por despiste o con intención, el camarero nos la ha colado. En vez de pedirle que las retire, aceptamos pulpo como animal de compañía, la página web sigue esperando confirmación, tal es nuestro estado de indecisión.

La noche y los pescaditos, la conversación amena del camarero, boliviano, sus historias, y la luna que viene a visitarnos, curan las heridas de los viajeros. Estamos de nuevo de buen humor, sin reserva de hotel, rumbo a otro paradero desconocido en las calas del Cabo de Gata. Paramos en los escullos, tras dos intentos fallidos de encontrar la entrada buena, primero en el camping y luego, tras pasar unos kilómetros, antes de la isleta. El destino es una jaima que, o mi memoria y sentido de orientación me fallan, o me la han robado, porque debía estar ahí. Ya no está, con lo que nos dirigimos al plan B, el Chamán, una discoteca, bar con conciertos, cenador sobre los escullos a escasos 3 metros del acantilado que abraza el mar, con un escenario arropado por la batería de San no sé qué, uno de los castillos fortaleza que bordean la costa de Almería. Ayer los piratas estaban en el mar, hoy están dentro del Chamán. Bromas aparte, dos mojitos abren las hostilidades acompañados de música y el rumrum de la mar.

Hoy dormiremos junto al acantilado de los Escullos, arropados por la piedra de los embates crecientes del mar. Levante está que trina. Por fortuna, la orilla nos regala con una cama de algas, que agrupamos en una mitad de la tienda. Ojalá el maltrecho cuello de Silvia pueda descansar mejor.

 chamanmon Así lo vimos…

esta entrada corresponde al capítulo 14 de «coaching de olas y viento», que incluimos en el blog con el mismo nombre, www.coachingdeolasyviento.wordpress.com

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50 euritos, 60, 75, 120, 240 o 360, y dos tapitas para cambiar el ritmo de jijijajá