sal amarilla y merluza en salsa blanca para empezar

3librosel 15 ha comenzado hace medio rato, ya estamos a 21, el tercer miércoles, del mes de enero, y toca reunirnos en Torrelodones a cenar, tercer miércoles de cada mes, una regla nemotécnica sencilla de aplicar, tercer día laborable de la tercera semana de cada mes, para acabar de abrir la última «carpeta» que cerramos con las actividades de navidad, qué ganas de volver a cenar con los amigos del txoko A la Sal.

para comenzar el 15, cocina Iván, nuestro compañero dominicano, con la ayuda de Joserra. El menú es tropical, un plato combinado con papas machacás, arroz, un guiso de venado y merluza en su salsa. ¿y qué tiene eso de tropical, te preguntarás? pues nada, si no piensas que en el trópico no debe crecer el perejil, pero sí hay coco, mucho coco. La merluza es en salsa blanca, como la nieve que empieza a caer. El plato, como no podía ser menos, está buenísimo, una vez que superas la objeción mental, aunque, si tengo que elegir, y eso se manifiesta a la hora de repetir, me tiro como loco a por el venado, qué rico guiso.

la conversación ya está rota hace tiempo. Hoy la mesa es de 8, hasta que llega Antonio, para completar el número siguiente, el 9. Hablamos en grupos de 3, las dos cabeceras y el centro de la mesa. Son casi las 12, es una pena que no consiga superar el síndrome Cenicienta, y alguien se acuerda de que uno de los objetivos del grupo de hombres es juntarnos a charlar de un tema de interés común.

hoy tenemos 3 libros para abrir en cualquier sitio al azar, y ver qué nos propone el destino, el mundo amarillo, de Albert Espinosa, y dos textos de Eckart Tolle, un mundo nuevo ahora, y todos los seres vivos somos uno. Los libros circulan por la mesa, y en eso del proceso de elegir, Pablo lee algo del mundo amarillo, libro que no ha leído, que le llama la atención, y se acuerda de una chica que le decía hace unos años que ellos 2 son amarillos. Pablo no supo nunca por qué se lo decía, y ella nunca se lo explicó, y ese libro que le prometió le regalaría nunca llegó, pero está ahora en sus manos. El libro, con la ayuda de Pablo, ha elegido tema de conversación.

un amarillo, me permito no repetir las palabras del libro, se encuentra en un sitio diferente de la escala de relaciones, entre el amante y la amiga, un espacio que es difícil de explicar, en el que los abrazos, y el cariño compartido es abundante, la camaradería, la pasión (no el sexo) se encuentra en el vivir, una conexión especial existe, que te hace pensar que esa persona era inevitable en tu vida, debía acompañarte, por algún extraño motivo, sí o sí.

poco a poco se va cerrando la conversación, son más de las 13 de la noche, y el jueves toca trabajar, «venga, chavales, que ya toca despejar», y recogemos los restos, las borriquetas, fregado de trastes y suelos.

en la calle, qué bueno que no las han retirado, nos esperan los coches, con los parabrisas llenos de una incipiente escarcha, que retiramos con agua templada.

empezamos el año con el gusto de juntarnos con esos extraños seres, los venados y las merluzas, y nuestros cariños, o amigos, o amarillos, y el gusto de compartir temas de actualidad, teorías sin probar, me llevo apuntada la de «el centésimo mono», que habla de conciencia colectiva, para curiosear, y entre maestros, en Youtube, de Cárlos González, y los movimientos de un mundo que se rige, cada vez más, desde la emoción.

amarillomon   así lo vimos…

si no conoces el mundo amarillo, Albert Espinosa nos habla de 23 descubrimientos que hace mientras sana su relación con la vida (superando un proceso de cáncer con el que pierde un  pulmón, una pierna y medio algo, creo que hígado, permíteme no mirar para comprobar), y que nos pueden ayudar a vivir mejor a todos nosotros.

en uno de los capítulos del libro, Albert habla de los 7 consejos para ser feliz, un juego muy divertido que propongo en más de un taller (y ya creo que en más de un post). Su origen es una charla nocturna con un compa de hospital, mayor, que tras contarles los 7 consejos, antes de morir, les hace prometer a Albert y a su compañero que sólo revelarán uno. Se lo prometen y cumplen, vaya que sí. El que Albert nos ofrece es la capacidad de decir no. Un consejo buenísimo, porque cuando decimos no a algo que no queremos, abrimos una puerta preciosa, para hacer algo que sí queremos.

yo suscribo personalmente ese consejo, me encanta, no lo puedo remediar, y me encanta imaginarme cuáles son los otros 6.

como no están escritos, yo te daría hoy uno de mi cosecha particular. Si no te lo aplicas, no hay problema, yo me lo aplico y me vale. Me junto con personas que aportan luz a mi vida. Llámales como quieras, amigos, amarillo, marroncitos, colegas, amigas del corazón, pero júntate. Y si no se lo digo expresamente, intento darles un testimonio de cómo aprecio que estén en mivida. Comiéndome la merluza en salsa de coco también.

el 15 ya ha comenzado. La última carpeta ya está abierta. Ya sólo toca seguir.

una estrella está al caer (adviento a la sal)

estrella888cerramos el año con la cena del txoko a la sal, después de cerrar otros entuertos en los que ando metido, el taller del teléfono de la esperanza, el primer módulo de ATEOs reunidos, Aprendemos todos y Escuela Oliver en el colegio del Buen Consejo, con ese espíritu propio del tiempo previo a la Navidad.

en la tradición cristiana, no sé si antes o después de, pero me acabo de responder solo, después de Jesucristo, ya que el adviento es el tiempo de espera a la venida del niño  Jesús, ese espacio tranquilo y sereno que antecede al solsticio de invierno.

nos lo hemos pasado como enanos jugando a preparar el encuentro, no tenemos tema, qué raro, un grupo de hombres que se une a hablar, ¿serán mariflogüers?, hablamos de ésto, hablamos de lo otro, invitamos a los socios que se han dado de baja durante el 2014, esta comida o la otra, con Joserramón de nuevo al cargo de la cocina, qué bonito que haya un cocinero en la cocina por fin.

todo trascurre con unas ganas de fiesta enormes hasta que Pablo sugiere empezar su preparación espiritual de la Navidad.

la cena, siempre interesante, hoy la prepara Joserra, pero he perdido el menú, y cada vez entiendo mejor que es por algo, tal vez no tengo que hablar de lo bien que comimos. Aunque traigo fotos de los platos, a lo mejor no es lo importante. Terminamos de comer y se despide de nosotros Andrés. Nos despide la noche, nos desea buena navidad, y nos da la noticia de que el año que viene no continúa en el txoko.

Carlos saca la guitarra de la funda, a la segunda o a la tercera soy capaz ya de diferenciar la funda de una guitarra de la funda de una ametralladora, y empieza a acompañarnos al fondo con los acordes de su guitarra clásica.

en un momento del camino, estamos hablando de una vida pasada, en Lavapiés, en la que se da una efervescencia de artistas, de poetas, de músicos en los locales, esa vida rica en circunstancias que se convirtieron en recuerdos de algo que ya vivimos.

la noche se va tornando melancólica. Pablo y Jacin acompañan a Carlos en una meditación recitada. Palabras al viento de alguien que puso unas letras, acompañadas con una improvisación en la guitarra. ¿qué sentimiento te aflora al leer este texto? esa es la nota que la guitarra va a compañar.

sin pensarlo, el clima que rodea esta cena es totalmente diferente de todos los anteriores. Somos la misma gente, pero el fondo ha cambiado. Esa noche espiritual que acompaña a Pablo nos ha enganchado a todos nosotros. Es el adviento, ese periodo de preparación para lo que está por venir, un periodo de 22 a 28 días, que empieza 4 domingos antes del nacimiento de Jesús en Belén, que nos ha pillado por sorpresa cenando.

Leo con atención uno de los 3 versos que acompañamos el miércoles para cenar, de Cristina Peregrina, Los hedonistas, y se me ata un nudo a la garganta.

 

yo no soy una cuerda, ni una liana, ni un hilo, ni un ovillo, ni unos cordones

Yo no soy una corbata, ni un pañuelo, ni una bufanda, ni una tela de araña.

Pero tú no lo sabes.

o no te das cuenta, y me creces de nudos, y me atas y me aprietas, y me salen llagas de los bolsillos, y me ahorcas, y me cortas las manos y la respiración, y aunque tú no lo sepas, o no te des cuenta de tus labios sólo cuelgan tijeras.

Sobrecogido lo leo, sobrecogido me quedo, y pienso que a alguien, quizás a ti, le hace un sentido parecido al que me hace a mí. Porque hay un tiempo en mi vida así, en el que «yo no soy», pero tú no lo sabes, porque tampoco lo sé yo.

Hacemos un ejercicio tonto de felicitarnos las navidades que tampoco es relevante hoy, como el menú de la cena.

En el 15 que está por venir, adviento pasado, el día comienza a ensanchar, y tal vez el «yo no soy» se va transformando en «yo soy», y como yo me sé, y me reconozco, no te pido que tú me leas, ni me escribas, porque ya me leo y me escribo yo, y en ese camino se obra el milagro de que tú también me lees.

Una estrella va por el cielo, y en su tranquilo peregrinar, 3 sabios magos de oriente, quizás más, quién sabe si son 4, acompañan por el cielo una estrella. Ellos se van a reunir a una fiesta, a un re-nacer.

Nos marchamos tranquilos del txoko, limpiamos, recogemos, sin un abrazo, sin una fiesta, definitivamente nos ha tomado el adviento. El deseo de Pablo, tan pegado al tiempo, se ha hecho realidad.

Paz y amor a los hombres (aquí sólo había hombres) y a las mujeres de buena voluntad. y a los otros y otras, también.

estrella888monAsí lo vimos…

Normalmente, trabajo los posts muy poco, al igual que las imágenes. Dejo que las cosas se coloquen solas. No sé con qué imagen casar el post de hoy. Las plastilinas me parecen demasiado divertidas, las fotos del video demasiado apagadas, una imagen del cielo demasiado impersonal. Salgo a la puerta de mi casa y fotografíó la estrella de mi puerta, una estrella que colgué el año pasado, y que me ha acompañado todo el 14. La recorto a tamaño grande 888 por 888, qué curioso, de niño me gustaba mucho el 8, un número que hoy representa para mí el infinito, la lemniscata por medio.

Pienso en voltearla, para aprovechar la cinta y convertirla en cometa, pero no lo hago. La inserto en el monigote de oé corazón, que hoy toca, tengo una serie azul, verde, roja, amarilla, toca amarillo, como la puerta, como la estrella. De alguna forma, la estrella queda prendida de un sitio del monigote, a la altura del corazón.

Me quedo con la sensación, esa que no es mental, de que todos llevamos una estrella prendida del corazón. La estrella es siempre yo, y se va a permitir brillar todo lo que la permitamos, todo lo que la dejemos ser.

un abrazo a mis amigos, porque son chicos, del txoko a la sal, ese sitio de encuentro tan especial. Gracias por compartir, Joserra, Enrique, con todos, ese cariño en la mesa, también al cocinar.

un abrazo a los chicos y chicas que se estrellaron y están a punto de estrellarse. No importa. Nunca importa. Mientras no dejes de brillar.

 

 

con aceite, pan y vino se hace el camino (y juega que te juega jugando vamos haciendo grupo y amigos)

aceiteEs miércoles por la tarde y le pido a Fernando que me pase a buscar por la estación del tren, que no se olvide 3 botellas del cosechero para ver si cambiamos de vino en el txoko, y las zapatillas verdes y azules esas tan estridentes que me acabo de comprar. Si todo va bien, ya es buena hora de presentarse en el txoko, hora de acompañar a los cocineros.

Llegamos a crisálida donde 2 capullos ya han florecido. Nos reciben Jacin y Antonio, nuestros cocineros voluntarios de hoy, que ya se han puesto en los fogones y en la tabla. Incomprensiblemente han desechado la propuesta para el menú que les ha hecho Juanma, unas angulas y alguna cosilla para seguir, langosta, cabrito asado, …, mucho más fácil de elaborar, y se han hecho fuertes en un menú cargado de corazón, sin billete, aprovechando la temporada de setas. El menú es algo así como setas de entrante (níscalos con verduras), setas de primero (setas empanadas con verduras) y setas de segundo (fussili con champiñones al pesto). Para pasar el otoño no está mal. Por si a alguien no le gusta el otoño, cargamos la despensa con abundantes vinos, beber para olvidar, y contratamos a Carlos, asesino a sueldo, que hace una entrada gloriosa en el txoko con su ametralladora, vestida de indefensa funda dura de guitarra.

En el preámbulo de la gran cena, los niños se han puesto a jugar a eso de yo no quiero setas, y por si acaso, han quedado de acuerdo en traer un poco de aceite y pan.

Es tan grande la desesperación que Andrés, que se ha dado de baja del txoko hace unos meses viendo lo mal que comemos, viene a rescatarnos con una garrafa de 5 litros de aceite ecológico.

En la mesa, mientras los dos jóvenes al mando del otoño hacen de las suyas, van apareciendo más y más niños con aceite, hasta juntar 10 platos para untar. Yo, que me quería escaquear de trabajar, como ya es costumbre, dando palique, no me voy a librar esta vez. Me ponen delante una tabla, una montaña de panecillos y un cuchillo con sierra. «Mikel, hoy te toca hacer algo». Y recibo, obediente, instrucciones de cómo cortar los panecillos, primero por la mitad, y luego en cuatro pedazos. Obedezco al primer punto, y en el segundo casi. Marco la cruz, norte – sur, este – oeste, derecha – izquierda, abajo – arriba, sin llegar a cortar el pan.

panA los niños, que han montado una algarabía enorme en la cocina, les está gustando esto de jugar. Después del Sushi, de la cata de vinos, de la paella al aire libre y el concurso de chipirones, la vasija grecoromana al fuego, qué divertido es votar y romper cazos, ahora nos toca mojar pan. Pablo pone nombres a 10 platos de aceite que empiezan en 1 con la «duquesa de alba», siguen por el 2, claro, el 3, Messi, el 4 Cristiano, y sigue hasta el 9, Mariano Rajoy, sentado al lado del 10, Pablo Iglesias. Si lo piensas bien, es bien divertido, en vez de hablar del 1 o del 6, «a mí me ha gustado el 1», que ñoño, un rotundo «yo me comería a la duquesa de alba, que está para mojar pan», «pues yo le echaba un tiento a Ronaldo que se va a enterar». En eso estamos, despiazando famosos, artistas, toreros y políticos, que se acaba el aceite y el pan. No nos queda más remedio que pasar al otoño, una estación que nos sienta fenomenal.

Y tras el otoño, preparándonos para el invierno, un postre tan sencillo como espectacular. Puedes probar a hacerlo en tu casa. Compra una botella de litro de kefir de cabra, bien fría. Si la compras del tiempo también puedes ponerla en el refri. Una granada, un mango, unas nueces, un par de frutas que contrasten entre sí, frutos secos y de temporada para contrastar. ¿Chirimoya y pera, pasas y anacardos? También puede ser.

Sencillamente espectacular, sobre todo para aquellos, pacifistas, que piensan que el fuego lo tendrían que prohibir.

Y hablando de fuego, acaba la noche y Carlos, como los niños han comido bien, abre la funda de la guitarra, y, en vez de la metralleta, saca la guitarra.

Juntos hemos pasado un rato muy agradable, juega que te juega, hablando de Mariano Rajoy y Pablo Iglesias, ahora que hasta yo sé quién es, mientras Carlos nos acompaña atrás.

No me acabo la sobremesa (a alguien le tiene que tocar fregar) ni el vino (si me tomo una copa más me derramo). El pasado es bonito pero el futuro es precioso, ahora que los niños vuelven a jugar.

aceitemon   Así lo vimos…

En los premios de los 9 aceites, ya que uno está duplicado, ¿es de contraste?, una sutileza de un niño juguetón, 2 extremeños se llevan la palma. El aceite que ha traído Andrés para suavizar su marcha y su vuelta queda primero. Como se ha acabado el pan, se lleva 4 litros largos de vuelta a casa, qué sinvergüenza, Andrés, mira que no repartir… Hoy se nos ha olvidado traer botellitas donde otros días traemos tapers, qué pena. Medio litro para un enjuague bucal no nos iba a sentar mal.

El hombre de negro se lleva de vuelta su metralleta a casa. Esta vez no ha habido que liquidar a nadie, menos mal. Qué grande eres con el fusil y la escopeta, y con los niños que se acabaron su fussili, «tango tusto», el gusto es mío, a ver cuándo nos tocas la guitarra con voz, Carlos, y con tanguista para los niños.

carlosEn la discusión posterior,  cruzamos opiniones con más y menos vehemencia sobre lo buenos que son los productos extremeños, pasando por alto los productos vascos (el azpilicueta de Fernando que no hemos votado). y ya el día posterior, por wasap, discutimos si Hernán Cortés, otro artista del fusil, y la duquesa de Alba son extremeños o vascos, esos seres irredentos que se empeñan en nacer en cualquier parte. Nuestros cocineros, no sé si puedes apreciar el halo que les envuelve, sutil, mágico, aunque si eres muy básico puedes pensar que la foto está desenfocada, y simplemente hay una sombra producto de que también hay luz, y donde hay luz hay sombra, ni se molestan en discutir.

nuestros cocinerosEllos han obrado esta vez el milagro de la alquimia. Sacudidos como estamos por este otoño sin agua, nos invade una pregunta postrera, ¿de dónde habrán salido las setas?

 pd1:

de los niños mejor no sacar fotos, ahora que están en la cama, no se vayan a poner a jugar otra vez…

pd2:

en la última cena volvemos a ser en torno a 13, uno más uno menos qué mas da. Judas ya ha vuelto de su misión, y está pasándoselo fenomenal con Andrés, que si no trae el aceite de vuelta no vuelve a estar invitado.

pd3:

todos los personajes de esta obra, como los hechos que aquí se relatan, son de ficción. Cualquier relación con la realidad, incluidos los nombres, es obra de la alquimia, o ese proceso tan raro que hace que las cosas queden tal que «asín».

las mandarinas y el pan (adivina adivinanza)

pan6 es viernes por la mañana, y me extrañan sobremanera la cantidad de micromosquitos que se han asentado en casa. Los cuento por decenas, pasan del centenar. La cocina está llena, algunos han pasado al salón. Es pronto por la mañana y están fundamentalmente en las ventanas, que intento abrir para que salgan. Fuera hace frio. No quieren salir. Les entiendo.

Pasa la hora del desayuno, y me vuelve a contactar Óscar, para cocer el pan. La masa, que preparamos ayer, y que dividimos en dos cuencos la he estirado 3 o 4 veces, no ha esponjado demasiado. Yo pensaba que iba a estar a reventar dentro del cazo pero no es así. Quizás haber dejado los recipientes cerca de la ventana en vez de junto a la calefacción haya tenido algún efecto, quién sabe.

Como me cuenta Oscar al llegar, el ejercicio de hacer pan tiene su aquel. Hay que experimentar en días de primavera e invierno, en otoño y en verando. La masa, una vez que incorpora la levadura, es un ser vivo que no se comporta como un militar. Hoy es así, o lo parece, y mañana más bien no.

En el proceso previo a la cocción, Óscar me introduce en las formas, ese tercer bloque que sí está presente en el cole de nuestros hijos (números / ciencias, letras / ídem y formas / arte). Me pregunta qué forma le quiero dar a mi primer pan. Una hogaza convencional, una corbata (dos hilos de masa entrelazados), un bollo redondito, probamos y probamos, hasta que su intención se manifiesta.

Óscar ha leído alguno de los posts de Oé corazón, y le suena el monigote con el que cerramos la sección, «así lo vimos…», y me propone hacer un monigote pan. Yo, incrédulo, le pregunto si eso es posible. Hacemos un primer intento que se convierte en una cruz (un monigote con sólo 4 patas). El nuestro, como el de da Vinci, ese hombre que se empeñó en cuadrar el círculo, tiene 5 (1 cabeza, 2 extremidades superiores y 2 inferiores), por lo que volvemos a intentarlo. A la tercera lo conseguimos.

El ejercicio se ha convertido en un ritual de amasar, de dar forma, de cortar, de hacer un bollo redondo con los sobrantes, de darle los cortes, así, más profundos, no vale con marcar, para que el pan al crecer pase a esponjarse, mientras los micromoscos revolotean, molestando a cada rato a nuestro alrededor. De alguna forma vuelve a haber vida en la cocina.

Para cocer el pan, disponemos el aro con piedras y agua en la base del horno que le va a aportar la humedad suficiente al pan, cocemos el pan hasta que entendemos (Óscar entiende) que ya vale, y lo pasamos a la parte superior, donde se va a dorar al grill. Este paso es crítico. 2 minutos o 3 pueden ser suficientes. Irse al baño y despistarse o atender una llamada de teléfono puede acabar con el pan. Estamos tan entretenidos charlando que casi echamos a perder mi primer monigote – pan.

Sacamos el resultado de nuestro proceso conjunto de creación y casi no me lo puedo creer lo bonito que me resulta. Para celebrarlo, sacamos unas anchoas (ahora sacamos significa Mikel), en aceite, con ajito picado y perejil las primeras, y en salazón (con la sal propia de la salmuera) para acompañar el pan.

anchoasEn la tierra de mis mayores (mi madre y mi padre), aunque yo adquirí la costumbre en casa de mis abuelos, es normal hacer una parada a media mañana para repostar. Se trata del hamaiketako (literalmente » para las once»), o del hamabietako, si es «para las doce». Como son las 10 de la mañana se debe tratar del «hamarretako». Me acuerdo de algún trozo de pan, acompañado con bonito, al lado de mi abuelo materno, sentados en la terraza de su casa, mirando el puerto de Bermeo, sobre esta mesa de forja y teselas de colores que ahora ocupa la cocina de mi casa, qué recuerdo más bonito, acompañado de pimienta negra recién molida, aceite y sal.

El hacer pan se ha convertido en un encuentro precioso, que ha tenido un momento grave. Cuando te gusta tanto el resultado de un proceso es difícil amputarle un brazo o un pie, quién sabe si la cabeza, a tu nuevo amigo – monigote – pan. Nos comemos una de las cinco extremidades, y reutilizamos el bollo redondo para recomponer la figura.

pan7El proceso de compartir mi pan con mis amigos ha empezado con alegría. Se trata de celebrar. Otros procesos de hacer pan están en lontananza. Muchas gracias, Óscar, si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma, por acercarte hoy también a  casa, que también es tuya, hoy un poco más.

pan9   así lo vimos…

En el lenguaje simbólico de oé corazón, el azul está aquí para representar el cielo, en forma de valores, que el hombre, y algunos días también la mujer, pueden encarnar en la tierra, en su día a día, por medio de sus comportamientos, en su amasar y en su dar forma, en su cocer y compartir pan.

Nuesto monigote – pan, o lo que queda de él, está aquí para atestiguarlo.

los micromosquitos siguen revoloteando en la cocina y en el salón cuando Óscar se ha ido. El misterio de los micromoscos que surgieron del pan, como el misterio de la cripta embrujada de mendoza, queda en suspenso.

Óscar, al verlos, me ha comentado que son iguales a los de la fruta, y yo me he quedado mirándole perplejo, como diciendo que sí, con cara de tonto, y diciéndome pero qué tendrá que ver eso con el pan.

También me explica que los bichos no entran en casa cuando la fruta se pudre, sino que están «dentro» de la fruta, al igual que los gusanos no entran en nosotros cuando nos morimos, sino que «salen» de dentro. Tenemos todos los gérmenes y bichos de la muerte cuando estamos en vida, muerte y vida que se conocen y se renuevan, mi vida es la muerte de muchos gusanos, y mi muerte es su vida. Me quedo con la imagen que algún día, pienso, puede entrar a jugar un rato en un post.

Pasa el sábado y llega el domingo. Un zumo de naranja y mandarinas, uy, cómo está esta mandarina, y esta otra, y ésta, revela el misterio de los micromoscos, y me acuerdo de óscar y los bichos de la fruta, que se acercaron al calor de la nueva vida en elaboración, que se acercaron a acompañarnos mientras hacemos nuestro primer monigote – pan.

El domingo da paso al lunes, y nos acabamos el muñeco, y ya de noche también nos comemos el pan redondo que lo acompaña, el pan de restos. Por azares del destino me acuerdo de una canción que habla del brazo incorrupto de Santa, adivina, adivinanza, que yo no me acuerdo quién, una canción que forma parte de un álbum que escuché pro primera vez en Bermeo, pueblo de mis abuelos.

En el noticiero, una noticia de la constitución de «podemos», un fenómeno social que puede ser interesante motivo de reflexión un día de estos, ¿verdad óscar? Si Patxi, no nombrado en la canción, como Voldemort en la serie de Harry Potter, resucita, vuelve a morirse en 3 segundos.

Como no hay dos sin tres, Fernando y Silvia quieren aprender a hacer pan, Óscar, no te vas a librar de volver. Los mosquitos, las anchoas y la fruta los pongo yo.

 

haciendo pan (el pan casero nutre más que el del panadero)

pan3son poco más de las 8 de la mañana, y estoy enredado con el post del jueves cuando me llama Oscar, compañero de villa Micael, que acaba de dejar a los niños en el cole, y me pregunta cuándo me viene bien que se junte a hacer pan. Él esta hablando con otros padres, y se puede acercar cuando les despida, tras pasar por casa por los ingredientes y utensilios. Como no tengo ninguna entrevista fuera, le respondo que cuando le venga bien, a cualquier hora durante la mañana, ya sea el jueves o el viernes. Eso sí, seguramente tenga que atender hoy a la llamada de un cliente, por espacio de media hora más o menos. Son poco más de las 9 de la mañana y una segunda llamada me anuncia la llegada de Oscar.

De entre los ingredientes que aparecen sobre la mesa, yo pensaba que iba a traer varios tipos de harina ecológicas, ya que Oscar es precursor de una comunidad de consumo de productos Bio, destaca una bolsa de 5 kilogramos de harina blanca, monda y lironda, normalita como la de tu abuelita, que ha comprado en Mercadona. Adicionalmente trae levadura madre, Tahín, y un poco de leche, no puede ser más sencillo, y un recipiente de reponstería, uno de esos que mi madre utilizaba para hacer la muselina helada de limón, un aro redondo, lleno de piedras, que nos va a ayudar en la cocción del pan.

Adivinándome el pensamiento, mientras empieza a mezclar la harina con la levadura madre, que ha disuelto con un poco de agua, me comenta que hoy vamos a hacer un pan que tiene un ingrediente que no tiene el del panadero, y que tampoco tiene el pan industrial que compramos cada día. Ese ingrediente es la conciencia, que se va transmitiendo en forma de intención y atención focalizadas. Cada movimiento de las manos en el proceso de mezclar los componentes, cada sonido de la cuchara en el proceso de mezclar el tahín con la leche, que utiliza en vez de agua, para que le dé una textura más de bollo, que les encanta a los enanos, también se puede cargar al pan con la energía del sonido de un diapasón que hoy no ha traído, añade esa energía, esa vibración, que nos va a acompañar cuando lo comamos.

Si no tenemos harina ecológica, biodinámica, porque tal vez nos duele gastar una pasta en 1 kilo de harina de nueva generación, no pasa nada. A él, y a mí creo que me va a pasar lo mismo cuando haga el pan por séptima vez, le compensa más el hecho de programar mentalmente esa harina de bajo coste que le va a alimantar que comprar una harina ecológica de esas carisísimas. Somos lo que comemos, y somos los pensamientos que nos permitimos. Si nos duele la harina que introducimos en la confección de pan, y nos lleva a un esquema de vida tenso, doloroso, que nos introduce en la angustia del no tengo, cambiamos de harina, y la programamos mentalmente con la energía de me va a nutrir.

Seguimos (él hace y yo apunto) con el proceso de hacer la masa, introduciendo ajonjolí, ¿qué tienes por ahí que quieras incorporar al pan, chocolate, sésamo, semillas variada?, cuando suena la llamada que le había preanunciado. Por azares del destino, un libro ronda mi mesa de trabajo, lo compré ayer por triplicado, uno con destino a un cariño reciente, otros dos quién sabe para quién, y se lo dejo a Oscar mientras hablo, en la que va a ser la segunda presentación remota de «organizaciones que encuentran y cuentan cuentos», tras suspender el viaje que tenía programado el miércoles a BCN, ciudad condal.

35 minutos después estamos de nuevo haciendo pan. La conversación es mucho más rica de lo que mis palabras puedan llegar a expresar. Oscar me cuenta que el hombre no está programado para vivir aquí y ahora, en el absoluto presente, y que es tan difícil que es mejor rebajar esa aspiración «new age». Si acaso, podemos vivir en un presente continuo, en el tiempo del gerundio, haciendo. Me acuerdo de Mariano, padre y amigo del cole con el que caminé hace tres años las primeras ideas y pasos del camino de oé corazón. Fray, como el cura cisterciense que le inspira la cita a Oscar, gerundio, haciendo, 69, porque nos gusta ese número lleno de espejos, lucha de iguales que se reconocen en un lazo redondo infinito.

Volvemos al pan, que desde que tiene la levadura es un ser vivo, que tiene su latir propio. Esa masa que ya está creciendo al abrigo del exterior protegida por un paño y un plato, nos espera para la siguiente fase. Al amasado arduo que me esperaba, tengo una tendinitis en la mando derecha de planchar tantas camisas juntas, unas 15, le sustituye un proceso de estirado. Cogemos la masa y la estiramos, en dirección norte sur, en dirección este oeste, haciendo una cruz, para arriba, para abajo, para la derecha, para la izquierda, qué divertido es barrio sésamo, y volvemos la masa al recipiente.

Hacer pan, haciendo, se convierte en una conversación riquísima, en el que caben las reuniones de los amigos del txoko «a la sal», la conciencia adormecida a nivel personal, social y planetaria, el reciclado, las ONGs, podemos, la construcción de nuevas comunidades, la importancia del gesto de dar sin esperar nada a cambio, y la posiblidad de crear un nuevo grupo (¿de estudio, de relación o de acción?) en el entorno de villa Micael. Oscar me sigue regalando ideas y títulos para los próximos posts, mientras el pan, vivo, junto a nosotros, sigue latiendo. Lo vuelve a destapar, lo vuelve a estirar, y lo vuelve a guardar, acompañados de un nuevo café, americano para él, con leche que hoy es soja para mí, para que vuelva a crecer.

Oscar se va de casa pasadas las 13:00, cuatro horitas de encuentro, con un libro de vuelta bajo el brazo, «las siete fases de desarrollo en personas y organizaciones», junto con los ingredientes y cachibaches, un libro que le puede interesar leer, el que ha estado ojeando durante mi media hora de ausencia, y que puede:

1 devolverme tras leerlo,

2 quedarselo como regalo (si me lo trae de vuelta, se lo dedico), o

3 compartirlo con algún otro amigo o persona cercana a la que le pueda ser de utilidad, iniciando una cadena de pensamiento compartido, de cómo crear una nueva comunidad a partir del desarrollo de personas radiantes, que se juntan al rescoldo de una idea, de una ilusión común.

pan3mon   así lo vimos …

En el encuentro con Oscar siento la fuerza del reconocimiento, hacia Pedro, otro compañero  amigo común, hacia la historia de un chico que perdió el contacto del día a día con sus hijos y que hace lo que puede para disfrutar (sin fruto, qué bonito) de su nueva vida y de su día a día, haciéndose «amigo de lo insoportable». Oscar, yo también te quiero. Gracias por acercarte a mi casa y enseñarme a hacer pan.

es ya de noche, unos pequeños mosquitos pueblan la cocina, qué curioso. Algo de vida nueva que atrae a la vida latente. Algo que no pasaba con las latas de fabada asturiana que tanto me gusta comer…

Para mañana, que ya es hoy, mientras escribo estas líneas, un círculo lleno de piedras espera al pan en el horno. Piedras, qué curioso, como las que no me canso de recoger en el camino. Círculos, qué bonito, como los que no me canso de proponer allá donde nos dan una oportunidad. 2 actividades nuevas que se van convirtiendo en pasión. Nunca me habría imaginado que me iba a gustar tanto esto de hacer pan haciendo. La oportunidad de volver a reunirme con Oscar se acerca. Mientras la vida sigue su curso.

Estoy tranquilo. Mientras tecleo estas letras estoy haciendo pan.

pan5

 

sonrisas a la sal (creando comunidad)

empanadaayer, primer domingo del mes de noviembre del 2013, 7 compañeros de viaje nos juntamos a hacer grupo. La disculpa era un taller de comida creativa y de cuentacuentos tontos, pero el fin último es el de hacer grupo. Un grupo que no cogió forma en el 2012, porque no era el momento ni las formas. Aunque entonces no lo sabíamos, teníamos camino por andar. Como en su dia no forzamos, las cosas se han ido asentando. Y como arrieros somos,  los proyectos personales se han ido definiendo, tomando forma, en el camino nos seguimos encontrando.

ayer, primer domingo del mes de noviembre del 2013, nos juntamos 5 chicos y 2 chicas, y faltaron 5 chicos y una chica más, por lo menos, según mis cuentas. Sigue leyendo