muñecos movidos por hilos, como nosotros

es viernes por la mañana, y una curiosa conversación aflora en medio del té, relacionada con west world, esta serie que ha caído en el pen por casualidad, lo que le pedimos a Fernando es que nos grabara la cuarta serie de vikingos, gracias, Fer,

una serie en la que mujeres y hombres son anfitriones – robots de mujeres y hombres invitados, que van a vivir su aventura en el lejano oeste, una aventura de romance, de violencia, de lo que quieras o puedas imaginar,

porque nada de lo que ocurra en west world tiene repercusión en tu vida real, puedes matar a 6 vaqueros o violar a una granjera con total impunidad, y como puedes ver el patrón de violencia, hombres que matan y que violan se vuelve a repetir,

un mundo en el que los robots, como Dolores, tienen una programación en bucle, y unos comportamientos asignados, que les permiten vivir una y otra vez el mismo día, termina un día y el siguiente vuelve a ser igual,

un nuevo día que comienza como empezó el anterior,

en el caso de Dolores empieza con una programación que le permite ver el lado bonito de este mundo, ella no entiende cómo hay gente que no puede apreciar la belleza, y se encuentra sumida en la tristeza, en la desesperanza, en el dolor,

hasta que algo empieza a cambiar, y los robots empiezan a tener fallos de programación, tal vez es un problema de la última actualización, y empiezan a componer pensamientos, sentimientos a partir de recuerdos que no se han borrado,

y el mundo de los robots empieza a cambiar,

un mundo, el de los robos, que en este té, movido por hilos, se nos hace tan parecido al de los programadores que les siguen, y que les restauran los desperfectos, heridas, balazos y destrozos que van acogiendo en el cuerpo,

día tras día en una actividad similar,

un mundo, el de los restauradores, que se nos hace tan parecido al nuestro propio, y nos preguntamos, como se pregunta Dolores, que ya quiere ser libre, ya no nos vemos tan lejos de ella, del robot anfitrión, qué podemos hacer para ser libres,

tal vez Silvia, con su deseo de hoy, de hacer terapia de biodescodificación, mañana, una vez lo consigue, tal vez acaba aborreciendo esa nueva vida, convertida en rutina, como en el día de la marmota,

sumida en una nueva programación,

y poco a poco el te se termina, y volvemos a nuestro día, y empiezo, qué curioso, como casi todas las mañanas, escribiendo y publicando un post, en esta vida que nos tiene atrapados por hilos invisibles,

qué divertido, como a los robots.

   así lo vimos…

aunque esta es la primera temporada de west world, todo parece indicar que continuará, hay quien la asocia como digna sucesora de juego de tronos, a ver qué aprendemos de este curioso laberinto que es la vida,

en el que en centro se encuentra el ser humano,

tal vez el juego termina cuando acabo entendiendo quién soy yo, y cuál es mi papel en esta vida, tan bonita, gracias, Dolores, que hemos decidido vivir.

en el mundo de los robots, los programadores pueden sumir al robot en modo análisis, modo en el que pueden analizar los datos mondos y lirondos, o les pueden ordenar que moderen su emocionalidad, qué divertido.

7 emociones, creative commons, es un modelo de responsabilidad emocional, por medio del cual nos podemos responsabilizar progresivamente de nuestros estados emocionales, sí, desde la conciencia de qué emoción nos domina,

o simplemente surge en nuestro interior,

7 emociones, creative commons, inspirada por la teoría U de Otto Scharmer y la teoría del color de Goethe, puedes descargar el texto desde este enlace, sin necesidad de conocimientos de programación.

 

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incontinencia y desparrame emocional

en un momento dado, entro en un estado emocional que no es precisamente bonito, tiene de todo menos de bonito, tal vez estoy triste, tal vez rabioso, con una rabia contenida, tal vez frustrado, tal vez todo mezcladito,

y ante esa pregunta, muchas veces retórica, “¿qué te pasa?”, respondo con esa frase hecha, una mentirota grandiosa,

“nada,”

no me pasa nada cuando todo me pasa, qué curioso,

mi ser ha desaparecido, y aparece en su lugar esta respuesta piedra,

que a veces es simplemente necesaria, tal vez es mucho mejor decir nada que desparramar, aunque toda mi fisiología diga “estoy profundamente molesto”, pero me hace falta un poco de tiempo para ordenar todo lo que sí me pasa,

tal vez sólo me hace falta un poco de tiempo para ordenarme,

en vez de sacar la lengüita a pasear, y decir cosas de las que seguramente me voy a tener que arrepentir, porque son cosas que ni yo mismo pienso, y que seguramente puedo transmitir de una manera mejor.

en este proceso, en el que no estoy solo en el mundo, la otra persona, si es inteligente emocionalmente, bien puede entender que estoy buscando una forma o manera para tratar con lo que me pasa,

no tomarse mi mal-estar de forma personal, esto que le pasa a Mikel no soy yo, no hacer suposiciones, esto que le ocurre es como consecuencia de algo que le he hecho yo, fijo que se ha molestado conmigo,

y si bien me quiere, encontrará el tiempo, la forma y manera de entablar una conversación, que generalmente empieza con una pregunta, en vez de con una afirmación de lo bruto que soy, y de lo mal que se lo he hecho pasar.

en el caso contrario, puede empezar a desparramar sus miserias, balas y más balas en forma de palabras a todo lo que se mueva, como vaquero matón de película, que en última instancia no perdona ni al pianista,

con las consecuencias que este proceso entraña, de réplica y contrarréplica, en una oleada creciente de mal-estar emocional, en el que hasta la música se acaba, mucho cuidado con matarle al cámara o al director…

   así lo vimos…

no me gusta mucho el término de control emocional, como no me gusta excesivamente el de dominio de las emociones, y me acerco más a la idea de una conciencia emocional,

en la que progresivamente soy capaz de entender mis emociones de una forma más certera, tal vez más rápido, y comunicarme con mi entorno de una forma más adecuada,

hasta que llegue un día en el que soy emocionalmente presente, una forma de explicar ese momento en el que mi Yo soy está al cargo de mi mundo emocional, ¿es dominio?, ¿es control?, no,

desde mi punto de vista tiene más que ver con responsabilidad emocional,

sí, entendiendo como responsabilidad la capacidad de responder con habilidad ante lo que interiormente, y a mi alrededor, sucede.

Tomo la imagen y el texto a continuación del blog de Felipe García Rey, muchas gracias por compartir, Felipe, un texto anónimo que conozco por la colección de Cuentos con Alma, de Rosario Gómez

Ésta es la historia de un niño que, todos los días, se peleaba con su hermano, con sus padres, compañeros del colegio, etc …

Una tarde, su padre le entregó un paquete. El niño muy curisoso lo desenvolvió rápidamente y se sorprendió muchísimo al ver ese extraño regalo: era una caja de clavos.

El padre lo miró muy fijo y le dijo:

 “Hijo mío, te voy a dar un consejo: cada vez que pierdas el control, cada vez que contestes mal a alguien y discutas, clava un clavo en la puerta de tu habitación”

El primer día, el niño clavó 37 clavos en la puerta.

Con el paso del tiempo, el niño fue aprendiendo a controlar su rabia, por ende, la cantidad de clavos comenzó a desminuir. Descubrió que eras más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la puerta.

Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos.

Su padre orgulloso, le sugirió que por cada día que se pudiera controlar, sacase un clavo. Los días transcurrieron y el niño logró quitarlos todos.

Conmovido por ello, el padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la puerta, y con suma tranquilidad le dijo:

“Haz hecho bien, hijo mio, pero mira los agujeros… la puerta nunca volverá a ser la misma. Cuando dices cosas con rabia, dejan una cicatriz igual que ésta. Le puedes clavar un cuchillo a un hombre y luego sacárselo. Pero no importa cuántas veces le pidas perdón, la herida siempre seguirá ahí. Una herida verbal es tan dañina como una física. Recuerda que los amigos son joyas muy escasas, consérvalos, cuídalos, ámalos, pero no los lastimes, hay daños que son irreversibles y no hay perdón que los sane”

El niño comprendió la enseñanza de su padre y la agradeció profundamente; se dio cuenta de que al enojarse no sólo causaba daño a los demás, sino que también se daña a sí mismo. A partir de ese momento jamás volvió a tener que controlar su ira, porque decidió actuar siempre guiado por el amor

Y tú, ¿cuantos clavos y/o agujeros tienes en tu puerta?

7 emociones es un modelo de inteligencia emocional inspirado por la teoría U de Otto Scharmer y por la teoría del color de Goethe, creative commons, que puedes descargar desde este link.