incontinencia y desparrame emocional

en un momento dado, entro en un estado emocional que no es precisamente bonito, tiene de todo menos de bonito, tal vez estoy triste, tal vez rabioso, con una rabia contenida, tal vez frustrado, tal vez todo mezcladito,

y ante esa pregunta, muchas veces retórica, “¿qué te pasa?”, respondo con esa frase hecha, una mentirota grandiosa,

“nada,”

no me pasa nada cuando todo me pasa, qué curioso,

mi ser ha desaparecido, y aparece en su lugar esta respuesta piedra,

que a veces es simplemente necesaria, tal vez es mucho mejor decir nada que desparramar, aunque toda mi fisiología diga “estoy profundamente molesto”, pero me hace falta un poco de tiempo para ordenar todo lo que sí me pasa,

tal vez sólo me hace falta un poco de tiempo para ordenarme,

en vez de sacar la lengüita a pasear, y decir cosas de las que seguramente me voy a tener que arrepentir, porque son cosas que ni yo mismo pienso, y que seguramente puedo transmitir de una manera mejor.

en este proceso, en el que no estoy solo en el mundo, la otra persona, si es inteligente emocionalmente, bien puede entender que estoy buscando una forma o manera para tratar con lo que me pasa,

no tomarse mi mal-estar de forma personal, esto que le pasa a Mikel no soy yo, no hacer suposiciones, esto que le ocurre es como consecuencia de algo que le he hecho yo, fijo que se ha molestado conmigo,

y si bien me quiere, encontrará el tiempo, la forma y manera de entablar una conversación, que generalmente empieza con una pregunta, en vez de con una afirmación de lo bruto que soy, y de lo mal que se lo he hecho pasar.

en el caso contrario, puede empezar a desparramar sus miserias, balas y más balas en forma de palabras a todo lo que se mueva, como vaquero matón de película, que en última instancia no perdona ni al pianista,

con las consecuencias que este proceso entraña, de réplica y contrarréplica, en una oleada creciente de mal-estar emocional, en el que hasta la música se acaba, mucho cuidado con matarle al cámara o al director…

   así lo vimos…

no me gusta mucho el término de control emocional, como no me gusta excesivamente el de dominio de las emociones, y me acerco más a la idea de una conciencia emocional,

en la que progresivamente soy capaz de entender mis emociones de una forma más certera, tal vez más rápido, y comunicarme con mi entorno de una forma más adecuada,

hasta que llegue un día en el que soy emocionalmente presente, una forma de explicar ese momento en el que mi Yo soy está al cargo de mi mundo emocional, ¿es dominio?, ¿es control?, no,

desde mi punto de vista tiene más que ver con responsabilidad emocional,

sí, entendiendo como responsabilidad la capacidad de responder con habilidad ante lo que interiormente, y a mi alrededor, sucede.

Tomo la imagen y el texto a continuación del blog de Felipe García Rey, muchas gracias por compartir, Felipe, un texto anónimo que conozco por la colección de Cuentos con Alma, de Rosario Gómez

Ésta es la historia de un niño que, todos los días, se peleaba con su hermano, con sus padres, compañeros del colegio, etc …

Una tarde, su padre le entregó un paquete. El niño muy curisoso lo desenvolvió rápidamente y se sorprendió muchísimo al ver ese extraño regalo: era una caja de clavos.

El padre lo miró muy fijo y le dijo:

 “Hijo mío, te voy a dar un consejo: cada vez que pierdas el control, cada vez que contestes mal a alguien y discutas, clava un clavo en la puerta de tu habitación”

El primer día, el niño clavó 37 clavos en la puerta.

Con el paso del tiempo, el niño fue aprendiendo a controlar su rabia, por ende, la cantidad de clavos comenzó a desminuir. Descubrió que eras más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la puerta.

Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos.

Su padre orgulloso, le sugirió que por cada día que se pudiera controlar, sacase un clavo. Los días transcurrieron y el niño logró quitarlos todos.

Conmovido por ello, el padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la puerta, y con suma tranquilidad le dijo:

“Haz hecho bien, hijo mio, pero mira los agujeros… la puerta nunca volverá a ser la misma. Cuando dices cosas con rabia, dejan una cicatriz igual que ésta. Le puedes clavar un cuchillo a un hombre y luego sacárselo. Pero no importa cuántas veces le pidas perdón, la herida siempre seguirá ahí. Una herida verbal es tan dañina como una física. Recuerda que los amigos son joyas muy escasas, consérvalos, cuídalos, ámalos, pero no los lastimes, hay daños que son irreversibles y no hay perdón que los sane”

El niño comprendió la enseñanza de su padre y la agradeció profundamente; se dio cuenta de que al enojarse no sólo causaba daño a los demás, sino que también se daña a sí mismo. A partir de ese momento jamás volvió a tener que controlar su ira, porque decidió actuar siempre guiado por el amor

Y tú, ¿cuantos clavos y/o agujeros tienes en tu puerta?

7 emociones es un modelo de inteligencia emocional inspirado por la teoría U de Otto Scharmer y por la teoría del color de Goethe, creative commons, que puedes descargar desde este link.