Abel, Caín, y su fruta madre (wiplash y we crush)

wiplashes sábado por la noche, tiempo para descansar, o para poblar la noche en familia. Estamos en casa de los padres de Silvia, y, por azares del detino, estamos compartiendo finde con su hermano mayor y su pareja, nos hemos juntado en la visita, tras la operación y cumpleaños de Fernando padre.

Fernando hijo nos propone una peli, de las que pueden ganar algo este año en los óscar de Hollywood, una película con una banda sonora y una fotografía para enmarcar. Aceptamos pulpo como animal de compañía y nos adentramos en la versión origninal, con subtítulos, de pitiminí. Sobrevivo al síndrome de Cenicienta, que me ataca a las 10, a las 10 y cuarto, tras dormitar el inicio, me integro en el grupo y en la peli.

la película se llama whiplash, la historia de un carrera por ser el mejor, y los medios de los que se valen los mentores del mejor.

una película independiente, que ha pasado ya por Sundance, Cannes, Toronto, que opta a 5 Ocars,  y que encierra más de una mentira,

“we are here for a reason, have fun”,

más de un mal-trato, yo te mal-trato como tú me maltratas a mí,

una película que no te deja indiferente, sobre todo si tienes desarrollado un mundo basado en valores diferentes a la más dura competitividad.

me despierto, veo la peli, y me duermo. El día siguiente ya es domingo, y en el coche que nos lleva a la playita, un poco de paseo y unas gambitas con gabardina no están nada mal para seguir, hacemos el cine-forum de la película. A Fernando le encanta, a mí también, y empezamos a hablar sobre la competitividad feroz que describe y retrata, sobre ese mundo en el que sólo uno puede sobresalir, el mundo del solo mágico.

yo, que ya he sido buey solo durante un tiempo, estoy de vuelta al grupo, y a un nuevo verbo, parecido a competir pero diferente, compartir. Hoy creo más en la co-operación, en la co-creación, en la co-mpañía, en las gambas y en las co-cretas, cuando nos las comemos juntos. Me pregunto en la cantidad de cadáveres que la competición deja, total, ¿para qué? Para poder disfrutar de un solo genial.

wiplashmon   así lo vimos…

solo antes, solo durante, solo después.

en el coche Fernando hace de abogado del diablo, y me pregunta cómo sería un mundo en el que sólo existe gente que se dedica a compartir, gente y una sociedad blandita, adocenada, adormecida, me quiere chinchar, hablamos de cómo pueden convivir compartir (esquemas de cooperación) y competir (esquemas de competición), hablamos del deporte como juego o como forma de forjar carácter en el ganar y en el perder, sobre todo en el perder, y me acuerdo de Humberto Maturana, que explica muy clarito que cuando eliminamos la competición, ¿qué surge?, surge la cooperación.

pienso en un mundo de yo mi me conmigo solo, y me echo a llorar, no he trabajado tanto para disfrutar del éxito… solo, va a ser que no.

en la conversación vemos que no estamos tan lejos el uno del otro, y que los dos somos hijos de Caín, o de Abel, que no me conozco bien la historia.

2 hermanos “pelean” por el amor de un padre, y uno de los dos gana. El perdedor no acepta su derrota, y mata al ganador. El padre, el hijo ganador, y el perdedor, que en el asesinato se convierte en ganador, los 3 pierden en la competición.

porque no nos damos cuenta que el competir la suma es inferior a los sumandos.

de aquellos polvos estos lodos…

Fernando, déjame que me apunte a la co, aunque yo también soy hijo de Caín (Abel se quedó en el camino, si lo he entendido bien), porque nunca va a ser suficiente “demasiada” co-operación, tú y yo, nosotros de nuevo, nosotros otra vez.

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