las mandarinas y el pan (adivina adivinanza)

pan6 es viernes por la mañana, y me extrañan sobremanera la cantidad de micromosquitos que se han asentado en casa. Los cuento por decenas, pasan del centenar. La cocina está llena, algunos han pasado al salón. Es pronto por la mañana y están fundamentalmente en las ventanas, que intento abrir para que salgan. Fuera hace frio. No quieren salir. Les entiendo.

Pasa la hora del desayuno, y me vuelve a contactar Óscar, para cocer el pan. La masa, que preparamos ayer, y que dividimos en dos cuencos la he estirado 3 o 4 veces, no ha esponjado demasiado. Yo pensaba que iba a estar a reventar dentro del cazo pero no es así. Quizás haber dejado los recipientes cerca de la ventana en vez de junto a la calefacción haya tenido algún efecto, quién sabe.

Como me cuenta Oscar al llegar, el ejercicio de hacer pan tiene su aquel. Hay que experimentar en días de primavera e invierno, en otoño y en verando. La masa, una vez que incorpora la levadura, es un ser vivo que no se comporta como un militar. Hoy es así, o lo parece, y mañana más bien no.

En el proceso previo a la cocción, Óscar me introduce en las formas, ese tercer bloque que sí está presente en el cole de nuestros hijos (números / ciencias, letras / ídem y formas / arte). Me pregunta qué forma le quiero dar a mi primer pan. Una hogaza convencional, una corbata (dos hilos de masa entrelazados), un bollo redondito, probamos y probamos, hasta que su intención se manifiesta.

Óscar ha leído alguno de los posts de Oé corazón, y le suena el monigote con el que cerramos la sección, “así lo vimos…”, y me propone hacer un monigote pan. Yo, incrédulo, le pregunto si eso es posible. Hacemos un primer intento que se convierte en una cruz (un monigote con sólo 4 patas). El nuestro, como el de da Vinci, ese hombre que se empeñó en cuadrar el círculo, tiene 5 (1 cabeza, 2 extremidades superiores y 2 inferiores), por lo que volvemos a intentarlo. A la tercera lo conseguimos.

El ejercicio se ha convertido en un ritual de amasar, de dar forma, de cortar, de hacer un bollo redondo con los sobrantes, de darle los cortes, así, más profundos, no vale con marcar, para que el pan al crecer pase a esponjarse, mientras los micromoscos revolotean, molestando a cada rato a nuestro alrededor. De alguna forma vuelve a haber vida en la cocina.

Para cocer el pan, disponemos el aro con piedras y agua en la base del horno que le va a aportar la humedad suficiente al pan, cocemos el pan hasta que entendemos (Óscar entiende) que ya vale, y lo pasamos a la parte superior, donde se va a dorar al grill. Este paso es crítico. 2 minutos o 3 pueden ser suficientes. Irse al baño y despistarse o atender una llamada de teléfono puede acabar con el pan. Estamos tan entretenidos charlando que casi echamos a perder mi primer monigote – pan.

Sacamos el resultado de nuestro proceso conjunto de creación y casi no me lo puedo creer lo bonito que me resulta. Para celebrarlo, sacamos unas anchoas (ahora sacamos significa Mikel), en aceite, con ajito picado y perejil las primeras, y en salazón (con la sal propia de la salmuera) para acompañar el pan.

anchoasEn la tierra de mis mayores (mi madre y mi padre), aunque yo adquirí la costumbre en casa de mis abuelos, es normal hacer una parada a media mañana para repostar. Se trata del hamaiketako (literalmente ” para las once”), o del hamabietako, si es “para las doce”. Como son las 10 de la mañana se debe tratar del “hamarretako”. Me acuerdo de algún trozo de pan, acompañado con bonito, al lado de mi abuelo materno, sentados en la terraza de su casa, mirando el puerto de Bermeo, sobre esta mesa de forja y teselas de colores que ahora ocupa la cocina de mi casa, qué recuerdo más bonito, acompañado de pimienta negra recién molida, aceite y sal.

El hacer pan se ha convertido en un encuentro precioso, que ha tenido un momento grave. Cuando te gusta tanto el resultado de un proceso es difícil amputarle un brazo o un pie, quién sabe si la cabeza, a tu nuevo amigo – monigote – pan. Nos comemos una de las cinco extremidades, y reutilizamos el bollo redondo para recomponer la figura.

pan7El proceso de compartir mi pan con mis amigos ha empezado con alegría. Se trata de celebrar. Otros procesos de hacer pan están en lontananza. Muchas gracias, Óscar, si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma, por acercarte hoy también a  casa, que también es tuya, hoy un poco más.

pan9   así lo vimos…

En el lenguaje simbólico de oé corazón, el azul está aquí para representar el cielo, en forma de valores, que el hombre, y algunos días también la mujer, pueden encarnar en la tierra, en su día a día, por medio de sus comportamientos, en su amasar y en su dar forma, en su cocer y compartir pan.

Nuesto monigote – pan, o lo que queda de él, está aquí para atestiguarlo.

los micromosquitos siguen revoloteando en la cocina y en el salón cuando Óscar se ha ido. El misterio de los micromoscos que surgieron del pan, como el misterio de la cripta embrujada de mendoza, queda en suspenso.

Óscar, al verlos, me ha comentado que son iguales a los de la fruta, y yo me he quedado mirándole perplejo, como diciendo que sí, con cara de tonto, y diciéndome pero qué tendrá que ver eso con el pan.

También me explica que los bichos no entran en casa cuando la fruta se pudre, sino que están “dentro” de la fruta, al igual que los gusanos no entran en nosotros cuando nos morimos, sino que “salen” de dentro. Tenemos todos los gérmenes y bichos de la muerte cuando estamos en vida, muerte y vida que se conocen y se renuevan, mi vida es la muerte de muchos gusanos, y mi muerte es su vida. Me quedo con la imagen que algún día, pienso, puede entrar a jugar un rato en un post.

Pasa el sábado y llega el domingo. Un zumo de naranja y mandarinas, uy, cómo está esta mandarina, y esta otra, y ésta, revela el misterio de los micromoscos, y me acuerdo de óscar y los bichos de la fruta, que se acercaron al calor de la nueva vida en elaboración, que se acercaron a acompañarnos mientras hacemos nuestro primer monigote – pan.

El domingo da paso al lunes, y nos acabamos el muñeco, y ya de noche también nos comemos el pan redondo que lo acompaña, el pan de restos. Por azares del destino me acuerdo de una canción que habla del brazo incorrupto de Santa, adivina, adivinanza, que yo no me acuerdo quién, una canción que forma parte de un álbum que escuché pro primera vez en Bermeo, pueblo de mis abuelos.

En el noticiero, una noticia de la constitución de “podemos”, un fenómeno social que puede ser interesante motivo de reflexión un día de estos, ¿verdad óscar? Si Patxi, no nombrado en la canción, como Voldemort en la serie de Harry Potter, resucita, vuelve a morirse en 3 segundos.

Como no hay dos sin tres, Fernando y Silvia quieren aprender a hacer pan, Óscar, no te vas a librar de volver. Los mosquitos, las anchoas y la fruta los pongo yo.

 

Esta entrada fue publicada en 4 colores, actitudes en la vida, artes, autores, azul, co-crear, cocina, encontrándome con los amigos, Mikel, musiquita, verde y etiquetada , por mikeloecorazon. Guarda enlace permanente.

Acerca de mikeloecorazon

nacido en el país vasco (a los nuevos nos gusta levantar troncos y cortar piedras, de la misma forma que a nuestros padres les gustaba levantar piedras y cortar troncos), me gusta el sol y el mar, el color y el calor. Estar vivo es una gozada que tenemos todos los días. Reírnos y agradecer lo que tenemos también. En el mundo laboral he hecho un recorrido bastante interesante por la consultoría de organización, productividad / competitividad, auditorías de sistemas y procesos, consultoría en integración, formación, tecnologías de la información, y desarrollo de personas, equipos y organizaciones. Un camino entretenido, en el que he llegado a la sopa de piedras, al juego, y al gusto de compartir, al color y al círculo, ese sitio en el que las personas, tan diferentes pero iguales, construimos nuevas realidades. --- mi hijo Gorka me ha traído al mundo del juego desde el respeto a la persona de enfrente, todos somos iguales, un juego que es necesario re-descubrir y desarrollar en nuestras organizaciones y en el mundo laboral y social. --- y mi hija Maitane, mi hija pequeña, mi hija mayor, sólo tengo una hija, es parte de este descubrimiento que se llama "entornos de confianza", con la energía del azul clarito, el orgullo humilde, el orgullo sano, a disposición de la construcción de la casa común. --- en mi vida he aprendido de gente que contaba historias, mi primer abuelo, José, mi primer amigo, Gidor, mi primer jefe, Jesús, y ahora las cuento yo. --- desde ese ser que se descubre a sí mismo (yo me reconozco), y se comunica de forma des-inhibida, amarilla, y se encuentra con otras personas (yo te reconozco, y reconocemos juntas un entorno más amplio del que formamos parte y al que damos vida), para dar paso a la curiosidad, roja, que pinta puertas donde otras personas sólo ven paredes, una curiosidad que se convierte en actividad de crear, creatividad en innovación. desde el juego, cambiando reglas, y creando nuevos juegos, nuestros resultados son diferentes. y afortunadamente, mejores. hoy me considero una persona positiva, creativa y alegre, cariñosa, mezcladora y juguetona. un abrazo, Mikel

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