el príncipe de las mareas

elprincipedelasmareasEs jueves por la mañana, y me llama Silvia por teléfono. Acaba de leer el post que he publicado. Algo dentro de su ser se ha movido. Empezamos a hablar sobre la diferencia entre sentimientos y emociones. La conversación coincide con una propuesta que estamos lanzando desde oé corazón relacionada con una nueva comunicación, desde las personas, la emoción, lo positivo, los valores y los comportamientos compartidos. A Silvia le surge una pregunta en el camino ¿Es siempre bueno una respuesta emocional? Entiendo, creo entender al menos, la pregunta, y la enlazo con una conversación reciente con Antonio. Seguramente donde hemos puesto “desde las personas, la emoción”, tenemos que reescribir “desde las personas, el corazón”.

¿por qué?

Porque la emoción puede ser de origen y características muy diversas. El miedo, la tristeza, la rabia son emociones. ¿Queremos que las personas comuniquen desde sus miedos? ¿Queremos que comuniquen desde su tristeza? ¿queremos que comuniquen desde su rabia? Pues la verdad es que no. Buscamos una comunicación desde el corazón, ese órgano que algunos empiezan a interpretar como el segundo cerebro.

Si hago un repaso de qué representa para mí, o en dónde reside para mí cada emoción, o a dónde se canaliza, me voy a la cabeza con los pensamientos, que anteceden a la emoción, me voy a las zonas bajas del cuerpo para encontrar la tristeza (el sistema respiratorio), el miedo (la vejiga, los riñones), la rabia (el hígado). Sé que la clasificación no es buena ni científica, pero a mí me sirve para una explicación para andar por casa.

En ese recorrido en zapatillas, el corazón tiene ese sitio reservado para las emociones cargadas de amor, de conexión con los otros, con el mundo, con las piedras, los palos, las margaritas y las mariquitas, con la arena y el mar.

Y me pregunto por qué en estados de malestar y bienestar profundo parece como que todo el cuerpo se embriagara de la emoción.

Para entender lo que voy a contar tengo que viajar a estados vividos en los que, en el polo negativo, me encontraba en una relación desgastante, de exigencia a otra persona, de falta de comprensión y empatía, no me siento comprendido y no te comprendo, no me siento respetado y supongo que yo tampoco te respeto. En esa relación pasada había ratos, largos, que ocupaban días, en las que se sucedían las mareas. Y hablo de las mareas porque era literalmente así. El agua rebosaba mi Ser, hasta desbordarlo, y ese sentimiento, esa emoción duraba horas. Era arrebatador, no me podía sustraer, ni mental ni físicamente. Cuando parecía cejar, estaba embargando a la contraparte. Y así sucesivamente, en un proceso de días. No sé si lo has experimentado, pero es una sensación como la que se produce en nuestras costas (más en el cantábrico que en el mediterráneo). A una pleamar le sucede una bajamar, y cuando todo parece que ha pasado vuelve la pleamar, en una danza preciosa y constante, difícil de explicar.

Para entender el polo opuesto se encuentra esa sensación que te toma y no sabes explicar de dónde viene, sentado a las teclas del ordenador en una mañana cualquiera, igual que ayer o que mañana, o en ese viaje en coche en medio de cualquier estación de tu vida, ya sea de trabajo o de vacaciones, ya vengas o vuelvas, en las que te sientes sencillamente perfecta, en la gloria, conectada. Es esa sensación de plenitud en medio de la cual besarías a tu casera y le darías un abrazo a tu jefe, no sé si te ha pasado muchas veces, agarrarías el teléfono para llamar a tus amigos y decirles llorando que los quieres. No sé si lo has probado, pero es estupendo. O se quedan estupefactos porque no entienden que les llames sin pedirles nada o creen que te vas a suicidar. Ese es el otro estado en el que la emoción embarga todo tu Ser.

En esos dos estados, la emoción ha tomado todo tu cuerpo. Yo me pregunto cómo se explica, y no tiene una explicación normal. Y mejor todavía, no espero una explicación científica, por lo que no la voy a buscar.

CAsi mejor, me invento una que me valga. En esa explicación propia de la emoción que todo lo embarga, el tercer cerebro (el primero es el cerebro propiamente dicho, el segundo es el corazón, con mecanismos que aún no hemos explorado suficiente) es todo nuestro cuerpo, que incluye toda nuestra piel (el órgano que más pesa en un ser humano). Nos dicen que somos 83%, no me acuerdo la cantidad exacta, agua. Y el agua tiene la capacidad de polarizarse. Si no estás al corriente del estudio de Masaru Emoto sobre la incidencia de las vibraciones de tus palabras escritas en un papel sobre el contenido (agua) de un jarro de agua, merece la pena que veas algo. Yo acabo de escribir en el buscador de internet “agua, amor, odio”, y he encontrado varios links relacionados.

Entro en wikipedia, y busco el término Masaru Emoto. Llego al link. http://es.wikipedia.org/wiki/Masaru_Emoto. Todo parece indicar que alguien ha conseguido confirmar el no de este sí tan bonito, 5 Justificación al fracaso de la teoría de Emoto. Si lo piensas bien, no es importante. Muchas veces basta con preguntarse ¿yo he sentido eso? ¿cómo es posible que no pueda sustraerme a esta sensación que invade todo mi cuerpo (ya no está sólo en la cabeza o en su sitio localizado)? Tu agua, todas las células de tu cuerpo, se han hecho partícipes de esa marea que te invade. Por eso mismo te invade, porque van todas a una. Agua con más agua que forma la pleamar y la bajamar de nuestros días.

elprincipedelasmareasmon   Así lo vimos…

Por alguna extraña conexión, así de tontamente, no me importaría volver a ver la película que protagonizan Nick Nolte y Bárbara Streisand, el príncipe de las mareas. Tal vez le invito a Silvia a verla y que me cuente cómo se siente, antes, eso sí, de que lea mi próximo post sobre otro príncipe, vestido esta vez de hojalata, en “el caballero de la armadura oxidada”.

Todo llegará, como el lunes. Jopelín, qué ganas de que sea de nuevo lunes…

Esta entrada fue publicada en agua, autores, emociones, Mikel por mikeloecorazon. Guarda el enlace permanente.

Acerca de mikeloecorazon

nacido en el país vasco (a los nuevos nos gusta levantar troncos y cortar piedras, de la misma forma que a nuestros padres les gustaba levantar piedras y cortar troncos), me gusta el sol y el mar, el color y el calor. Estar vivo es una gozada que tenemos todos los días. Reírnos y agradecer lo que tenemos también. En el mundo laboral he hecho un recorrido bastante interesante por la consultoría de organización, productividad / competitividad, auditorías de sistemas y procesos, consultoría en integración, formación, tecnologías de la información, y desarrollo de personas, equipos y organizaciones. Un camino entretenido, en el que he llegado a la sopa de piedras, al juego, y al gusto de compartir, al color y al círculo, ese sitio en el que las personas, tan diferentes pero iguales, construimos nuevas realidades. --- mi hijo Gorka me ha traído al mundo del juego desde el respeto a la persona de enfrente, todos somos iguales, un juego que es necesario re-descubrir y desarrollar en nuestras organizaciones y en el mundo laboral y social. --- y mi hija Maitane, mi hija pequeña, mi hija mayor, sólo tengo una hija, es parte de este descubrimiento que se llama "entornos de confianza", con la energía del azul clarito, el orgullo humilde, el orgullo sano, a disposición de la construcción de la casa común. --- en mi vida he aprendido de gente que contaba historias, mi primer abuelo, José, mi primer amigo, Gidor, mi primer jefe, Jesús, y ahora las cuento yo. --- desde ese ser que se descubre a sí mismo (yo me reconozco), y se comunica de forma des-inhibida, amarilla, y se encuentra con otras personas (yo te reconozco, y reconocemos juntas un entorno más amplio del que formamos parte y al que damos vida), para dar paso a la curiosidad, roja, que pinta puertas donde otras personas sólo ven paredes, una curiosidad que se convierte en actividad de crear, creatividad en innovación. desde el juego, cambiando reglas, y creando nuevos juegos, nuestros resultados son diferentes. y afortunadamente, mejores. hoy me considero una persona positiva, creativa y alegre, cariñosa, mezcladora y juguetona. un abrazo, Mikel

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