yo soy partidario de la escuela pública (me gusta mezclar)

es noche del martes, y estamos en la cocina cenando, Fernando, mi compañero de piso, y yo. Es muy curioso. Acabamos de estar hablando de nuestra etapa de primer trabajo en Madrid, hace más de 20 años, en una situación que no es tan diferente a la de aquel entonces. Fernando vive y trabaja entre semana en Madrid, y vuelve los fines de semana con su mujer y chavales a Palencia, y yo, que me he quedado solito este año en Madrid, estoy encantado de compartir casa con una persona tan agradable, positiva, alegre, buena gente.

Porque siempre me ha gustado la gente, y me parece terrible una casa de uno solo.

En eso estamos, charlando, cuando ya hemos llegado al queso y al yogur, y repasamos la historia de nuestros hijos, todos ellos repetidores. Dani, su hijo pequeño, con una cara de pillo que no se puede quitar de en medio, repitió segundo de primaria, coincidiendo con la marcha de la familia de vuelta a Palencia, de la misma forma que mi hija pequeña, Maitane, está repitiendo quinto de primaria, coincidiendo con el cambio de domicilio, acompañando a su madre en un viaje de vuelta, a México. Pablo, su mayor, también repitió, y Gorka, mi hijo mayor, también. Gorka, qué curioso, repitió el último año de jardín de infancia. Un caso para explicar, porque yo no sabía que se podía repetir jardín de infancia.

A Gorka, cuando detectamos en primero de primaria (era octubre recién comenzado) que no estaba bien adaptado al centro en el que cursaba estudios (le tenían etiquetado como la oveja negra de clase y nos aconsejaron que lo medicásemos con Ritalín), le cambiamos de centro educativo. El diagnóstico de la jardinera, que se resume en dos frases, “a Gorka le falta jugar”, y “Gorka le tiene miedo al profesor”, fue un antes y un después en su vida y en el de todo el grupo familiar.

Gorka perdió un año, como Dani, que es disléxico, o Pablo, ídem de lienzo, o Maitane, que se ha encontrado en un cambio de residencia y de exigencias, que le llevan a repetir año. Y nos reímos Fernando y yo, que aunque no nos gustaba la idea, a todos nos han enseñado que es muy importante no perder el tiempo, reconocemos hoy que la vida es una maratón, una carrera muy larga, en la que no todos los años son de provecho.

Quién soy, a dónde voy, qué es de mi vida, son preguntas que rondan a muchas personas de nuestra edad, en la frontera de los 49, y digo bien 49, que no 50.

Y reconocemos, que aunque en nuestra juventud no perdimos año, ni en primaria ni en secundaria, ni siquiera en la carrera, Fernando es químico y la orla colgada en el salón de casa de mi madre dice que yo soy ingeniero industrial, luego hemos tenido tiempo de sobra para perder un año, y tal vez dos o tres.

Al final, la vida es muy larga, y el paseo muy entretenido, y a veces nos metemos en caminos que no son para nosotros, y no siempre nos damos cuenta a la primera de cambio.

Sigue la conversación, y Fernando me cuenta, ya lo sé, que él es partidario de la enseñanza pública, yo también, un entorno en el que es más fácil mezclar. Diferentes personas de diferentes culturas, niveles económicos, orígenes, mezcla pura y dura. No me deja de hacer gracia, porque a mí también. De toda la vida me gusta mezclar. Desde que dejé el colegio de pago en el que cursé EGB y me fui a apuntar al instituto público al lado de mi casa, en Getxo, al que luego le siguió la universidad, también pública. Me acuerdo de esos tiempos de instituto y de las primeras paellas en el pueblo de mi juventud, las famosísimas paellas de Aixerrota, este verano tampoco estoy, en Santiago, anda, si es hoy, noooo, que no es el 25 de Junio, sino el 25 de Julio, quién sabe si pueda ir, esas fiestas en las que yo me apuntaba siempre al comité de logística, ese que se ocupa de que haya hubiese suficiente sangría en sangre cerquita del fuego, donde son tan bien recibidos los cocinillas.

Sangría, mezcla de refresco y vino, azúcar y frutas, y todo lo que quieras echar, en este mundo en el que todos somos únicos, y sin embargo iguales, en el que es tan bonito mezclarse y mezclar.

sangriamon  Así lo vimos…

tomando algo de postre, acompañado de vino, en este ritual de charla común y corriente que se convierte en homenaje a la vida, viendo pasar el tiempo, que no es tan importante como creemos, o nos han hecho creer.

El guerrero de la luz se concentra en los pequeños milagros de la vida diaria.

Si es capaz de ver lo bello, es porque trae la belleza dentro de sí, ya que el mundo es un espejo y devuelve a cada hombre el reflejo de su propio rostros. Aun conociendo los defectos y limitaciones, el guerrero hac  lo posible por mantener el buen humor en los momentos de crisis.

Al fin y al cabo, el mundo se está esforzando en ayudarlo, aun cuando todo a su alrededor parezca decir lo contrario.

Manual del guerrero de la luz, Paulo Coelho

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Acerca de mikeloecorazon

nacido en el país vasco (a los nuevos nos gusta levantar troncos y cortar piedras, de la misma forma que a nuestros padres les gustaba levantar piedras y cortar troncos), me gusta el sol y el mar, el color y el calor. Estar vivo es una gozada que tenemos todos los días. Reírnos y agradecer lo que tenemos también. En el mundo laboral he hecho un recorrido bastante interesante por la consultoría de organización, productividad / competitividad, auditorías de sistemas y procesos, consultoría en integración, formación, tecnologías de la información, y desarrollo positivo de personas, equipos y organizaciones. Un camino entretenido, en el que he llegado a la sopa de piedras, al juego, y al gusto de compartir, al color y al círculo, ese sitio desde el que las personas, tan diferentes pero iguales, construimos nuevas realidades. hoy acepto que esto no va de tirar ni de empujar, sino de ponerle calorcito y color, de hacer 3 aperturas a nivel personal, de dar 3 pasitos nuevos, y dar 3 abrazoTs (a mí misma, a ti, a la vida), de acompañar el desarrollo de ecosistemas propicios para el desarrollo de la conciencia, de la libertad, desde el amor. me considero una persona positiva, creativa y alegre, cariñosa, mezcladora y juguetona. un abrazo, Mikel

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