acompañados por las olas y el viento, capítulo 3

calabazasmon

El camino sigue, llegamos a Murcia, reparo en la hora y pienso que podemos llegar a comer.  Aunque parezca lo contrario, la parada en Albacete ha sido pausada pero no nos ha tomado mucho tiempo. ¿Será que el tiempo se ha contraído? ¿Será que nos toca comer en Carboneras o tal vez estoy forzando la marcha? Todavía no lo sé, pero seguimos viaje. En la circunvalación de Murcia empiezo a pensar en ofrecerle a Silvia cambio de turno y parada para repostar. Va a ser que sí.

En el viaje cerramos la conversación de los grupos y el cuchillero de Albacete, y el máster de sentido común, y hemos abierto otro melón, no menos jugoso. Estamos hablando del vínculo con nuestros padres. Los dos tenemos una juventud traqueteada por diferentes motivos. Silvia por un padre muerto con un año escaso y un proceso de adopción en el que el abuelo adoptó a la niña huérfana, malcriándola, a base de consentirla, hasta convertirla en un monstruo sin freno de 6 años, edad en la que las mujeres de la casa se reúnen y deciden cortar por lo sano, llevando a Silvia a un internado de monjitas. Del colegio, ni qué decir tiene, guarda recuerdos no sellados, no especialmente buenos. Una niña libre que se encuentra en un régimen pretoriano, mal asunto. Su madre, acompañada por su nueva pareja, le rescatan del internado. La química es bestial. A “éste es tu nuevo padre” le sigue un “¿pero quién es este gilipollas?”, toda una prueba para una relación por desarrollar.

En mi caso, mi relación con mis padres también es de aquella manera. Mi padre, marino mercante, tiene un carácter que habría sido mucho mejor para vivir en tierra con su familia que para pasar campañas de 5 y 6 meses fuera de casa. Mi abuelo (el padre de mi madre) también fue marino, y vivió épocas de 11 meses en el mar y 1 de vacaciones en casa. En mi casa pasaban cosas curiosas. Cuando aita llegaba a casa, seguíamos poniendo el plato para tres (mi madre, mi hermana y yo), y cuando se iba, poníamos platos para cuatro (nosotros tres y aita). Cosas de costumbres. A mi padre, huérfano con 7 años, ahora lo sé, cuando era pequeño le ataban con una correa a la pata de una mesa. Y nunca sintió a su nueva madre como una madre, sino como una madrastra. Muy curioso. Un padrastro y una madrastra nos acompañan en el viaje. Mi padre no pudo con la muerte de su madre en vida y huyó del pueblo de la forma que pudo, costeándose la carrera de marino con un préstamo de sus tías, que devolvía tras los periodos de prácticas que tenía que hacer para acabar la carrera. Su salvación, salir de casa del padre, ganarse la vida y traer dinero para sus hermanos, fue su perdición, ya que vivió la vida que acabó de amargar su carácter. La tristeza, la bebida y la separación de mi madre hicieron el resto. Hoy agradezco la presencia de aita en mi vida y su ejemplo de generosidad, desprendimiento y solidaridad, y me he reconciliado con su figura. Me han hecho falta 23 años, y es que a veces necesitamos perspectiva y tiempo. Gracias, aita, por tu ejemplo de vida. Sé que hiciste lo mejor que pudiste, y que lo habrías dado todo (de hecho lo diste) por tus hijos. Gracias.

La relación con ama, una mujer muy fuerte, tiene también su aquel, pero no os desvelo más pistas que pueden fluir, o no, en el transcurso de las líneas.

En eso estábamos con la historia de mi vida, y la tuya, y la historia de todas las vidas, cuando repostamos unos kilómetros pasados Murcia. Un botellón de agua y unas pipas Tijuana para hacer el camino completan la factura del gasoil. ¿Pipas Tijuana para el camino? Sí, como no me encanta precisamente conducir, he encontrado un remedio contra la fatiga mental y la monotonía de la autopista; comer pipas al volante. Aunque estoy muy entretenido en la charla sé que en cualquier momento puedo echar mano de mis amigas las pipas.

Retomamos la conversación con un giro que puede dar cancha en el camino. ¿Hasta qué punto es necesario que nos reconozcan? Yo me acuerdo de mi niñez y de mi pelea con mi madre, que me critica que salga a jugar a futbito con mis amigos con zapatillas de bailarina y con una media de cada color (dicho así suena absurdo, ¿verdad?), pelea que persiste cada vez  que llego por fiestas de San Ignacio, paro en su casa para saludar y me recuerda que lleve jersey para el frío de la noche, o que vista de esta forma en vez de aquella, o me pide que le llame a casa cuando llegue a Madrid (cuando no paro de ir de aquí para allá sin que ella se entere ni me pase nada). Tontamente, la conversación ha derivado a la resistencia que tienen nuestros padres de perder su papel de padres en nuestras vidas, de reconocer la persona adulta a la que dieron a luz (qué bonita expresión) y que hoy campa por sus respetos por la dehesa de la vida (es que soy Tauro, perdóname la libertad).

Me acuerdo de la figura de una profesora que me ayudó en uno de esos años difíciles que precedieron a la separación definitiva de mis padres. Alicia me daba clases de dibujo, en primero y segundo de BUP. Cómo me vería que me llegó a regalar un libro: el profeta, de Gibrán. Alicia es otro de los ángeles de mi vida, personas que me han visto, me han reconocido, me han ayudado, y me han dejado seguir mi camino. Como anécdota, le comento a Silvia que Alicia, en un acto de generosidad que no he visto en mi vida como alumno, me regaló un 13, mi número favorito. Según ella, dos de los dibujos que hice en ese curso no se merecían un 10. Eran merecedores de un 13. Pienso en retrospectiva y éste es el segundo ejemplo de Mikel fluyendo con el dibujo. Si soy sincero cuando dibujaba el tiempo perdía significado e importancia. En ese estado, los resultados no importan. Pero son apreciables. En este caso, de 13. Gracias, Alicia, por tu empatía y por tu generosidad en mi vida. Gracias por estar ahí y tus magníficos regalos, también el libro.

La conversación, banal, banal, va aderezando el camino al Cabo de Gata. Las relaciones entre hombre y mujer, padre e hija, madre e hijo, y sus paralelos, hombre-hombre, mujer-mujer, el reconocimiento que buscamos, y el reconocimiento que damos. En algún momento del trayecto, la pregunta es evidente: ¿reconocemos a nuestros padres? Porque es muy curioso que queremos que nos reconozcan, pero muchas veces nosotros no les reconocemos a ellos. En algún momento del camino nuestro yo se formó por oposición. Yo soy en tanto en cuanto soy capaz de diferenciarme de papá y mamá, esa figura que sabe tanto y que ve tanto (la verdad es que las ven venir en muchos casos, más sabe el diablo por viejo que por diablo), y que me dice tantas veces lo que sí y lo que no. Yo soy muchas veces por sumisión (abandono mi propio yo) o por lucha (me peleo contra lo que eres y representas tú).

Aunque no hay base científica para soportar que todos tengamos algún conflicto con la madre o con el padre, hay un rosario de muestras por el camino. Me acuerdo de Mario y de Irene, compañeros de proyecto de vida, coachs certificados y la pelea de Mario con papá y de Irene con mamá, la historia de María, mi ex, y el vínculo con la abuela Lucina, su madre, y el rechazo de la figura del abuelo Pedro, su padre, la vida de Natalia y su padre, ejemplos por doquier. Si no es tu caso, te agradezco me contactes y me cuentes. En cualquier caso, felicidades.

Porque es feliz aquel que no tiene broncas con padre y madre, o las ha sabido sanar. Porque es feliz aquella que no tiene broncas consigo misma.

Reconocimiento, el desarrollo de la personalidad como oposición, ejemplos y más ejemplos, y en algún punto entronca la última conversación en Chamartín con Juanan y Antonio, socios de video bravo, un proyecto para el reconocimiento empresarial. Ellos abogan por el reconocimiento como pilar fundamental para la motivación y compromiso en las empresas. Al final, creo que tienen toda la razón del mundo, y no es tan diferente el mundo del trabajo y la familia. En contra de los mapas mentales complejos, todos estamos buscando una única cosa, de forma fundamental. Seguimos en carretera, y veo un cartel de Macael, un pueblo que se convirtió en cantera de mármol, y que quiero visitar desde hace ya buenos años, con nombre de Arcángel. Miro en internet para ver si sí o no es nombre de santo y me encuentro una noticia de hoy mismo, en el periódico digital Almería 360. Precisamente Macael ha sido una de las localizaciones escogidas por el director de la superproducción Éxodus, Ridlet Scott, para recrear las canteras de las que el pueblo hebreo extraía el material para la construcción en el antiguo Egipto, en su versión del Éxodus de Moises. Muy bien, si no paso a visitarlo en persona, el cine trae Macael a mi casa. Abandono internet y me siento de nuevo en mi coche y en mis pensamientos. ¿Es buena idea seguir el plan o lo cambio y tomamos un bocata en Macael, para visitar luego las canteras? Piensa que te piensa, el coche a 130 ya ha pasado la salida de Macael. ¿Tomo la siguiente salida y vuelvo? El coche, raudo, se encamina hacia Carboneras. Ya no hay vuelta de hoja. En el pueblo nos espera el Felipe, que curiosamente, como Silvia, no sabes que vamos.

Las monjitas y un niño atado a la pata de la mesa, ¿somos así por convicción o por oposición?

calabazasmon2   así lo vimos hoy …

qué raro nos ha salido el monigote, ¿no?

esta entrada corresponde al capítulo 3 de «coaching de olas y viento», que incluimos en el blog con el mismo nombre, www.coachingdeolasyviento.wordpress.com

Esta entrada fue publicada en artes, coaching de olas y viento, letras por mikeloecorazon. Guarda el enlace permanente.

Acerca de mikeloecorazon

nacido en el país vasco (a los nuevos nos gusta levantar troncos y cortar piedras, de la misma forma que a nuestros padres les gustaba levantar piedras y cortar troncos), me gusta el sol y el mar, el color y el calor. Estar vivo es una gozada que tenemos todos los días. Reírnos y agradecer lo que tenemos también. En el mundo laboral he hecho un recorrido bastante interesante por la consultoría de organización, productividad / competitividad, auditorías de sistemas y procesos, consultoría en integración, formación, tecnologías de la información, y desarrollo positivo de personas, equipos y organizaciones. Un camino entretenido, en el que he llegado a la sopa de piedras, al juego, y al gusto de compartir, al color y al círculo, ese sitio desde el que las personas, tan diferentes pero iguales, construimos nuevas realidades. hoy acepto que esto no va de tirar ni de empujar, sino de ponerle calorcito y color, de hacer 3 aperturas a nivel personal, de dar 3 pasitos nuevos, y dar 3 abrazoTs (a mí misma, a ti, a la vida), de acompañar el desarrollo de ecosistemas propicios para el desarrollo de la conciencia, de la libertad, desde el amor. me considero una persona positiva, creativa y alegre, cariñosa, mezcladora y juguetona. un abrazo, Mikel

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